Qué ver en Bratislava: la escapada perfecta desde Viena o Budapest

Autor:

Mariana Otero

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La capital de Eslovaquia es la única del mundo que limita con dos países. Se recorre caminando y seduce con sus precios accesibles, leyendas napoleónicas y encanto barroco.

En nuestro viaje por Europa Central y Europa del Este, desde Budapest (Hungría) a Cracovia (Polonia) hicimos una parada en Bratislava, la capital de Eslovaquia. Esta pintoresca ciudad se encuentra tan al oeste del país que queda a sólo 60 kilómetros de Viena (la capital de Austria). Son las dos capitales más cercanas de toda Europa y se puede llegar en tren o en barco por el río Danubio.

Bratislava es también una de las capitales más pequeñas de Europa (unos 480.000 habitantes). Todo el casco histórico se recorre a pie en un solo día. Nosotros nos quedamos unas pocas horas y nos faltó tiempo para ver algunos lugares, como la iglesia azul, que todos dicen que es maravillosa.

El casco antiguo tiene sus particularidades: está lleno de estatuas de tamaño real a nivel del suelo. La más famosa es Čumil («El Mirón»), un obrero que asoma la cabeza por una alcantarilla. Hay dos teorías: o está descansando después de limpiar o está mirando por debajo de las faldas de las mujeres. Tiene una señal de tráfico propia que dice Man at work para que los autos no le pisen la cabeza.

En la Plaza Mayor hay una estatua de un soldado francés apoyado en un banco. Dicen que está inspirado en Hubert, un soldado de Napoleón que se enamoró de una enfermera local, se quedó a vivir y terminó creando la marca de vino espumoso más famosa de Eslovaquia.

Otra curiosidad es el puente más famoso de la ciudad (Most SNP) que tiene en su cima una estructura que parece un plato volador de los años 70. Es un restaurante de lujo y mirador de la época soviética.

Coronación de reyes

El paseo por la capital eslovaca lo hicimos a pie. No nos dio tiempo para hacer un free tour, que tanto nos gustan. Así que tuvimos que apelar a los folletos que nos dieron en la oficina de turismo para no perdernos la historia de esta ciudad. Somos fanáticos de una inmersión profunda en los lugares porque, ya sabemos, no hay mejor forma de aprender.

Entre otras cosas aprendimos que como Budapest estaba ocupada por los otomanos, Bratislava fue la capital de Hungría entre 1536 y 1783. En su catedral se coronaron 19 reyes y reinas, incluida la famosa María Teresa de Austria. Hoy hay una ruta marcada con pequeñas coronas doradas en el suelo para seguir el camino real.

Entre las cosas imprescindibles para ver está el Castillo, ubicado en una colina, que parece una mesa dada vuelta por sus cuatro torres en las esquinas. Ofrece las mejores vistas del Danubio y, si el día está despejado, dicen que se alcanza a ver Austria y parte de Hungría.

Tampoco nos dio el tiempo para llegar hasta allí (tal vez, una señal de que tenemos que regresar). Pero sí recorrimos el casco antiguo, un laberinto de calles peatonales de adoquines, edificios barrocos y plazas llenas de cafés. Tomamos un café exquisito con un postre local repleto de crema. Un manjar.

El eje central del casco antiguo es la Puerta de San Miguel, la única puerta medieval que queda en pie de las antiguas murallas.

​Si andan por allí no dejen de visitar la iglesia azul (ya les conté que no pudimos llegar por falta de tiempo), y de paso nos pasan fotos y nos cuentan​ su viaje. Es una iglesia de estilo Art Nouveau dedicada a Santa Isabel, y es toda azul: por fuera, por dentro, los bancos y hasta las tejas del techo.

​La Catedral de San Martín es un edificio gótico imponente justo al lado de la autopista (una polémica decisión urbanística de la era soviética que destruyó parte del barrio judío y la sinagoga para hacer el puente). En la punta de su torre no hay una cruz, sino una réplica de la corona de Hungría que pesa 150 kilos.

​El Palacio Primacial es rosa, de estilo neoclásico. En su interior se firmó la Paz de Presburgo en 1805 tras la victoria de Napoleón en la batalla de Austerlitz. Escondidos en sus paredes se descubrieron seis tapices ingleses del siglo XVII que habían sido ocultados para protegerlos de las guerras.

​Tips viajeros

  • Gastronomía: No te vayas sin probar el Bryndzové Halušky, el plato nacional. Son una especie de ñoquis pequeños con queso de oveja cremoso y panceta frita por encima.
  • Escapada: Muchos turistas  usan a Bratislava como una escapada de un día desde Viena o Budapest porque es muchísimo más barata para comer y tomar algo.
  • El barrio judío virtual: Como el barrio  judío ya no existe, la ciudad implementó un sistema de realidad aumentada. Cerca de la catedral hay murales con códigos QR que los turistas escanean para ver, a través del celular, cómo eran esas calles adoquinadas antes de la demolición soviética.
  • Petržalka, la colmena de hormigón: Cruzando el Danubio se encuentra el distrito de Petržalka. Es el barrio residencial de monoblocks más grande de Europa Central. Diseñado bajo la planificación soviética para albergar a miles de obreros, hoy es un retrato vivo de la arquitectura brutalista que contrasta con el centro histórico barroco.
  • La cerveza más barata de la región: Mientras que en Viena una cerveza puede costar entre 5 y 6 euros, cruzando la frontera en Bratislava se consigue cerveza artesanal local por menos de la mitad. Esto genera un flujo constante de turismo joven de fin de semana que va exclusivamente por su circuito de bares subterráneos y antiguas fábricas recuperadas.

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