Bari: La gran revelación del sur de Italia y la base perfecta para explorar Puglia

Autor:

Mariana Otero

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Libre de las multitudes de las grandes capitales, esta ciudad costera cautiva con sus contrastes. Un destino que combina una gastronomía excepcional, precios accesibles y la conectividad ideal para descubrir el «tacón de la bota» italiana.

Si tuviéramos que resumir en pocas palabras nuestra experiencia en Bari podríamos decir que esta ciudad de la región de Puglia, en el sur de Italia, fue para nosotros una gran revelación.

Bari es una ciudad costera de seductores contrastes donde basta con cruzar una avenida para saltar del elegante barrio Murat —con sus teatros señoriales del siglo XIX y tiendas de alta costura— al laberinto medieval de Bari Vecchia.

En ese casco antiguo custodiado por el mar, el tiempo parece haberse detenido entre el halo espiritual de la Basílica de San Nicolás, el aroma a focaccia y las mujeres que amasan los orecchiette, la pasta típica del lugar, en las puertas de sus casas a la vista de los viajeros.

Elegimos a Bari, frente al Adriático, como la base estratégica para conocer el “tacón de la bota” italiana: desde los acantilados de Polignano a Mare y los techos cónicos de los trulli en Alberobello, hasta las cuevas de piedra de Matera (esta última no pertenece a Puglia).

Bari permite experimentar la auténtica vida mediterránea, disfrutar de una gastronomía marina excepcional y de un ritmo local genuino, libre de las multitudes de las grandes capitales del norte.

Llegamos al aeropuerto de Bari, provenientes de Praga, bien entrada la noche. Nos costó conseguir un taxi y finalmente compartimos una van con otra pareja de viajeros.

El recorrido hasta nuestro alojamiento no pudo ser más divertido: llegábamos desde Europa del Este, donde la gente es bastante más tranquila que en Italia, y nos apabulló la locuacidad del conductor que hizo del viaje un standup

Nos dejó a pasos de nuestro departamento en el casco antiguo, donde siempre que podemos elegimos estar para vivir la experiencia local. A la mañana nos daríamos cuenta que estábamos a pasos de la Basílica de San Nicolás y en el corazón de la vida cotidiana (la verdulería de la esquina a donde los vecinos iban a hacer la compra, era fantástica).

Una base estratégica

Bari se consolidó en los últimos años como el corazón del turismo en el sur de Italia. Es el punto perfecto para explorar la región de Puglia y alrededores.

Esto se explica por varias razones. Por un lado, tiene conectividad total.

Cuenta con el aeropuerto internacional principal de la región y una red de trenes que conectan de forma directa, barata y en menos de una hora con varios pueblos. Y por supuesto, no necesitás cambiar de hotel cada noche.

Por otro lado, a diferencia de las grandes capitales híper turísticas, Bari mantiene un ritmo de vida local encantador. El plus es que es económica y con vida nocturna. Al ser una ciudad universitaria y portuaria, ofrece una gastronomía de primer nivel a precios mucho más accesibles que la Toscana o la Costa Amalfitana.

Los orecchiette y Pane y pomodoro

Bari, insistimos, es una ciudad de contrastes. Podría decirse que hay dos mundos separados por el Corso Vittorio Emanuele: Bari Vecchia (el corazón medieval) con sus callejones de piedra blanca que miran al Adriático y el barrio Murat, diseñado a inicios del siglo XIX, con calles en cuadrícula, palacios imponentes y las grandes tiendas de moda. Este vecindario fue mandado a construir por Joaquín Murat, cuñado de Napoleón.

En uno de nuestros tours a pie por el casco antiguo, conocimos la Strada Arco Basso, la calle de las orecchiette, que se encuentra cruzando un antiguo arco de piedra. Es la postal más famosa de Bari. Las mujeres sacan mesas de madera a las puertas de sus casas para amasar y secar al sol la pasta típica en forma de orejita.

Usan un cuchillo de punta redonda para arrastrar la masa de sémola en un ritual heredado de generación en generación. Los turistas pueden comprarlas en bolsas listas para llevar. Un dato que no es menor: a muchas mujeres no les gusta que les saquen fotos; así que recomendamos ser respetuosos y pedir permiso.

Un punto imperdible de la ciudad es el Lungomare (paseo marítimo) que está considerado uno de los paseos costeros más largos y bellos de toda Italia. Fue inaugurado en los años 30 del siglo pasado durante la época fascista, lo que explica su arquitectura monumental e imponente línea de farolas de hierro que se iluminan al caer la tarde.

Caminamos la costanera desde el centro hacia la playa pública y urbana de Bari, Pane e Pomodoro (pan y tomate). Es de arena y piedritas y cuenta con todos los servicios: baños, duchas y hasta lockers. Se llama así por la arraigada tradición local de los vecinos que iban a pasar el día al mar llevando como merienda un trozo de pan con tomate.

A la vuelta de nuestro departamento se encontraba la Basílica de San Nicolás, una joya del románico que custodia las reliquias de San Nicolás de Myra (el santo que dio origen al mito de Papá Noel). Es uno de los pocos templos en el mundo donde conviven un altar católico y uno ortodoxo. Es un puente entre Oriente y Occidente.

En la cripta, entre columnas de mármol labrado, descansan las reliquias de San Nicolás. Lamentablemente no pudimos ingresar porque al momento de nuestra visita había un oficio religioso.

La puerta de Oriente

Debido a su posición estratégica en el Mediterráneo, la Puglia ha sido históricamente la «puerta de Oriente». A lo largo de los siglos, fue codiciada, conquistada e influenciada por griegos, romanos, bizantinos, normandos, suevos y españoles. Esta mezcla de culturas se palpa en su arquitectura y en su dialecto, música y tradiciones.

La Catedral de San Sabino, por ejemplo, es arquitectónicamente bellísima. Nuestra guía nos contó que cada 21 de junio (el solsticio de verano), a las 17:10 en punto, los rayos del sol atraviesan el rosetón de la fachada y encajan a la perfección con la forma del rosetón de mosaicos dibujado en el suelo del altar principal.

Otro exponente de distintas épocas es el Castello Svevo, que se encuentra justo en el límite donde termina la ciudad vieja y empieza la moderna. Es una fortaleza del siglo XII rodeada por un foso, hoy seco, que fue construido por los normandos y reformado por el emperador Federico II Hohenstaufen. El castillo fue fortaleza defensiva, prisión y palacio residencial renacentista. Sus murallas con torres ofrecen una excelente panorámica del mar y de los techos del casco histórico. Hoy funciona como museo de esculturas históricas y sede de muestras culturales temporales. En una de sus salas proyectan un impresionante documental que permite entender la historia.

Excursiones de un día

Como decíamos al principio, la Puglia es una de las regiones más fascinantes de Italia (zona de olivares) que ocupa el «tacón de la bota» italiana, una larga y estrecha franja de tierra rodeada por dos mares: el Adriático al este y el Jónico al sur. Esta ubicación le otorga más de 800 km de costa.

La mejor forma de conocerla es alquilando un auto (eso hicimos), pero también se puede llegar con transporte público. En próximas notas contaremos qué ver en cada uno de los pueblos. Pero vamos con un punteo de lo que hay para ver.

Hacia el sur, a sólo 40 minutos en tren se encuentra Polignano a Mare, el pueblo colgado de los acantilados, famoso por su playa Lama Monachile encajonada entre rocas y por ser la cuna de Domenico Modugno, autor de la canción Volare. Pueden ver la nota que ya publicamos: https://modoviajeok.com.ar/index.php/2026/01/21/polignano-a-mare-la-cuna-del-gran-domenico-modugno/

Monopoli: Un puerto pesquero con un castillo medieval y calas de agua turquesa.

Alberobello: La capital de los Trulli (declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco). Es una excursión obligatoria para ver las más de 1.500 casas de piedra con techos cónicos que parecen sacadas de un cuento de hadas. Allí hay que ir con paciencia porque este destino está muy masificado.

Matera (en la vecina región de Basilicata): Se llega fácilmente desde Bari. Famosa por los Sassi, cuevas habitadas desde la prehistoria excavadas en la roca. Ya hablamos de ella en esta nota https://modoviajeok.com.ar/index.php/2026/04/10/las-cuevas-de-matera-un-destino-imperdible-en-el-sur-de-italia/

Hacia el norte (nos quedará por visitar para el próximo viaje) se encuentra Trani, conocida por su catedral románica construida literalmente al borde del mar.

Castel del Monte: La misteriosa fortaleza octogonal del siglo XII construida por el emperador Federico II, rodeada de leyendas y geometría perfecta.

Qué comer

Gastronómicamente, la Puglia es el paraíso de la cucina povera (cocina humilde), basada en ingredientes locales de altísima calidad, verduras de estación y productos de la tierra y el mar: Además de las orecchiette, destaca el uso de plantas silvestres como los brotes de nabo.

Esta región es la cuna de la burrata y del provolone (ummm, se me hace agua la boca).

El pan de Altamura es famoso en toda Italia por tener denominación de origen y elaborarse con sémola de trigo duro. Los taralli (pequeños aros de pan crujiente con semillas de hinojo o pimienta) son increíbles.

Los vinos también son muy buenos.

Aquí, lo básico para probar.

Focaccia Barese: Crujiente, alta, hecha con sémola de trigo, tomates frescos, aceitunas negras y mucho aceite de oliva. Un recomendado es el Panificio Fiore (un antiguo horno cerca de la Basílica). 

Panzerotto: Una masa de pizza frita rellena de tomate y mozzarella derretida que se come caliente y al paso.

Sgagliozze: Triángulos de polenta frita.

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