Locorotondo: un balcón al Valle de Itria

Autor:

Mariana Otero

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A sólo diez km de la famosa Alberobello, este encantador pueblo italiano de Puglia mantiene su autenticidad intacta. Un laberinto de casas blancas en un trazado circular, historia medieval y viñedos para disfrutar sin apuro.

Después de visitar los trulli de Alberobello, en el valle de Itria, en la espectacular Puglia al sur de Italia, nos dirigimos a Locorotondo, a sólo 10 km.

Locorotondo fue la segunda parada de nuestro road trip por esta región. Su nombre significa “lugar redondo» ya que el trazado de su centro histórico es perfectamente circular. Está edificado sobre una colina a unos 400 metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en un mirador natural sobre el valle.

El diseño circular se ideó así por motivos defensivos. Es un laberinto en el que es imposible perderse. Al caminar en línea recta, las propias calles concéntricas te devuelven siempre al mismo punto de partida o a la Iglesia Matriz de San Jorge.

En el centro histórico se encuentra el Palazzo Morelli. Si se mira con atención el gran portal barroco, es posible ver un mascarón con una cara grotesca y, justo arriba, el escudo familiar que esconde un detalle: un elefante sosteniendo una torre. La gente del lugar dice que se colocó para ahuyentar la envidia de los vecinos hacia la riqueza de la familia. 

Locorotondo también tiene una identidad arquitectónica propia: las cummerse. Son viviendas rectangulares altas y estrechas caracterizadas por sus tejados a dos aguas extremadamente inclinados. Están construidas con mampostería de piedra caliza y techadas con chiancarelle (lajas planas de piedra calcárea gris, típicas de la zona). Esta inclinación permitía canalizar el agua de lluvia hacia cisternas subterráneas comunales o privadas, un recurso crítico en una región sin ríos superficiales.

El lugar es encantador y se puede recorrer en tres horas. Nosotros nos quedamos a almorzar unas tremendas pastas con salsa de mariscos.

Un pueblo bonito

Las fachadas del centro histórico se pintan tradicionalmente con cal. Históricamente, esto cumplía dos funciones: desinfectar las viviendas contra epidemias e insectos, y reflejar la intensa radiación solar del verano para mantener el confort térmico interior.

El área estuvo habitada desde la antigüedad (siglos III-II a.C.), pero el asentamiento urbano actual se consolidó alrededor del año 1000 d.C. como un feudo bajo el control del Monasterio de San Benito de Conversano.

Ostenta el sello oficial de I Borghi più belli d’Italia (Los pueblos más bellos de Italia), una asociación auspiciada por la Asociación Nacional de Municipios Italianos que exige estrictos criterios de conservación del patrimonio y sostenibilidad. Pero además cuenta con certificaciones de excelencia en la acogida turística y la protección ambiental.

Qué ver y probar

Iglesia Matriz de San Jorge (Chiesa Madre di San Giorgio): Construida entre 1790 y 1825 sobre los restos de templos anteriores. Es el eje central del pueblo y destaca por su arquitectura neoclásica y su cúpula de 35 metros de altura.

Iglesia de la Madonna della Greca: Es el templo más antiguo registrado en el municipio, con menciones que datan de 1480, exhibiendo una arquitectura de transición entre el gótico tardío y el renacimiento.

​El Vino Blanco de Locorotondo (DOC): La localidad cuenta con su propia Denominación de Origen Controlada (Locorotondo DOC). Es un vino blanco seco y ligero producido principalmente con variedades de uva autóctonas.

Paisaje Agrícola Protegido: El entorno rural está definido por minifundios divididos por muros de piedra seca, una técnica de construcción declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Estos muros previenen la erosión del suelo y delimitan los viñedos y olivos centenarios.

Un dato: Si bien suele ser un destino de excursión de un día, cada vez más viajeros lo eligen como una experiencia de turismo sustentable. Quedarse a dormir en antiguos trulli y masseries (fincas fortificadas agrícolas) debe ser alucinante.

Tips viajeros

Pasar la tarde: Alberobello (famoso por sus trulli) está a solo 10 minutos y suele estar colapsado de turistas. Por supuesto que hay que conocerla, pero un buen consejo es hacer base o pasar la tarde en Locorotondo. Conserva una atmósfera auténtica. 

El atardecer: El mejor lugar para terminar el día es el Lungomare (así llaman los locales a la Vía Nardelli, a pesar de que no hay mar). Es un paseo panorámico en el borde de la colina donde es posible ver el atardecer sobre el Valle d’Itria, los viñedos y los techos de los trulli dispersos. 

Qué comer: Orecchiette, la pasta típica de Puglia con forma de «orejitas», que allí se sirve tradicionalmente con brote de nabo o con un estofado de carne casero.

Aperitivo con vino DOC: Pedir una copa de vino blanco helado Locorotondo DOC acompañado de taralli (unos aros de pan crujientes con semillas de hinojo o pimienta).

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