Londres y el factor Harry Potter

Autor:

FeRe Duelli

Categoría:

Un viaje a la capital de Inglaterra, donde todo puede ocurrir. Contado por el genial ilustrador FeRe Duelli.

Antes de viajar a Italia para mi muestra tuvimos que ir a Londres, Mer había vivido algunos años atrás haciendo un intercambio estudiantil en la época de la secundaria y tenía que hacer unos trámites con una vieja amiga que le había quedado de esa época. Londres es un lugar donde te sorprenden muchas cosas, pero lo que primero me llamó la atención es la cantidad y variedad de monedas en uso que hay. Te dan cambio en monedas hasta cuando pagas con el celular. Andas caminando por la calle con varios kilos de oro y plata en los bolsillos que a fin de cuentas no valen mucho.

 La ciudad es una ciudad monstruo, inmensa e inabarcable en su totalidad y complejidad. Los movimientos y trayectos tienen que ser muy precisos, o se corre el riesgo de ser devorado por las distancias. Una de las elecciones que hicimos fue viajar siempre en transporte público. En subtes y en esos colectivos rojos de dos pisos. La gente en el centro de la ciudad se comporta bastante prolija y muy amable, cuando me cruzaba con alguien y lo miraba a la cara me saludaban con un movimiento de cabeza y una pequeña sonrisa, primero pensé que era por mi sex appeal y mi natural encanto, pero no, Mer me confirmó que es una costumbre de buenos modales. Teníamos que ir a Camden, una zona comercial y dinámica muy representativa de la Londres actual. Ahí Mer se encontraría con su amiga. En el paseo compramos algunas remeras de bandas que nos gustan, comimos un helado horrible de un carrito y vimos como unos chicos incendiaban un basurero (la prolijidad no era igual en este barrio que en el centro evidentemente).

Finalmente Mer se encontró con su amiga y mientras estaba con ella yo me fui a recorrer la zona en busca de inspiración artística, necesitaba material para dibujar y contar algo interesante que hubiera pasado en el viaje. Después de varias horas de ver cosas interesantes y no dibujar ni un palito ya estaba anocheciendo y nos teníamos que volver. Nos encontramos y fuimos a tomar el colectivo.

-Qué hiciste con tu amiga?

-Nada, cosa entre nosotras, me tenía que dar algo de cuando vine a la escuela acá.

-Cuánto misterio brujita.

-Fijate en cuánto pasa el colectivo ¿Qué dice el Google?

Fere- Qué raro, marca una línea gris, como si estuviera inactivo.

Mer- A lo mejor es una línea fantasma manejada por dementores de Azkaban.

Pero paso como una media hora más y no apareció ningún colectivo o dementor. Más tarde intentamos conseguir información, pero la gente parecía no entenderme, quizás se debía a mi rústico inglés hablado con apoyo de señas de manos y gesticulaciones exageradas de la cara. Mer en cambio habla un inglés casi nativo y logró obtener mejor información. Había un paro de colectivos. En Londres. Cómo era posible que en el primer mundo hubiese un paro. ¿No era que acá todo funcionaba bien? Ese es un problema tercermundista creíamos. Nos pusimos a caminar en dirección al río Thames, hacia donde quedaba nuestro hospedaje. Estábamos realmente lejos y empezaba a oscurecer del todo, se vaciaban las calles de gente. Yo sentía de nuevo el infierno de Dante cerca, acechando. Después de caminar un rato paramos a descansar en una plaza y yo me senté en un banco mientras miraba como las sombras se extendían sobre el pasto haciéndose más grandes, con formas largas y antiguas…

FeRe- que graffiti raro le hicieron a este banco.

Mer- es que no es un banco, es una tumba.

En los parques y plazas de Londres hay tumbas que tienen miles de años, que quedaron ahí debido a la falta de lugar para espacios verdes en la ciudad. Muchos cementerios históricos se convirtieron en plazas y parques. Eso me ayudó a recobrar el aliento y seguir caminando.

En realidad, no era el autobús noctambulo ni tampoco el levantamiento del paro, pero debido a la medida de protesta una empresa había decidido poner en circulación una vieja unidad y salir a la calle. Cuando frenó, las puertas para pasajeros se doblaron como un acordeón gastado y se abrieron dando lugar a una chica muy blanca y pelirroja que casi saltó hacia afuera quedando sostenida con una mano a una baranda de hierro y saludándonos con la otra. Con un inglés muy divertido y nasal nos dijo sonriendo: “¡No se preocupen por nada más, aquí estamos nosotros para salvarles el día, vengan a bordo que en 2 minutos salimos!” Voldemort y Mer dejaron las rencillas de lado porque ya estaba haciendo frío y teníamos hambre y todos subimos. El colectivo arrancó. La chica colorada cumplía las funciones que ahora cumplen las máquinas: cobraba, anunciaba las paradas que seguían, y hacía chistes. Por ejemplo, al pasar por la Corte Suprema de Justicia dijo “Si alguien tiene algo que resolver con la justicia esta es su parada. No más preguntas señor juez”. Así el viaje fue pasando, cruzamos el Thames por la London Tower durante la noche rumbo a nuestro hospedaje, sintiéndonos cuidados por la ciudad y sus sorpresas.

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