Es un establecimiento agroindustrial y turístico que ofrece experiencias de naturaleza en Rodeo, San Juan. Tiene criadero de truchas, ovejas y conejos. El restaurante es muy recomendable.
La provincia de San Juan, tierra de sol y paisajes imponentes, alberga un rincón elegido por los amantes de la naturaleza y los deportes náuticos: Rodeo, en el encantador departamento Iglesia, a unos 200 km de la ciudad de San Juan.
Este pueblo se ha consolidado como un destino internacional gracias a las aguas turquesas del dique Cuesta del Viento, un espejo de agua que es la meca de los aficionados al kite y el windsurf. Aquí, el viento está garantizado todos los días del año después del mediodía y el telón de fondo de las cumbres nevadas de la Cordillera de los Andes ofrece un marco escénico inigualable.

Allí llegamos en nuestro road trip de amigas en motorhome por las provincias de La Rioja y San Juan.
Inmerso en esta geografía privilegiada, se encuentra la Finca El Martillo, un establecimiento agroindustrial y turístico que muchos viajeros consideran la parada gastronómica más genuina del norte sanjuanino.

Damos fe de ello: una visita a este lugar no está completa sin deleitarse con la trucha, recién extraída de sus criaderos, preparada con manteca negra o un toque de roquefort.

Una historia familiar
El Martillo es el reflejo del amor por la tierra. Recorrimos la finca guiados por Carla Meglioli, quien continúa el legado que su padre Enrique forjó desde la década de los años 80. La historia del lugar es un relato de arraigo. Nació del sueño de Enrique, que se enamoró de esta porción de tierra en uno de los valles más bellos de San Juan.

Con sus 40 hectáreas, lo que comenzó con la producción primaria de álamos y pasturas se transformó en un modelo de agroturismo sostenible.
La familia Meglioli sigue trabajando la tierra y abre sus puertas para compartir esta experiencia con los viajeros. El recorrido es fantástico; se puede apreciar desde la producción en la huerta y los criaderos hasta los productos caseros elaborados por la familia.

“Llegamos en 1980. Vinimos un fin de semana de vacaciones y a mi papá le encantó esta finca”, nos recuerda Carla. La compra se convirtió en un proyecto familiar de seis hermanos, quienes colaboraron para darle vida al nuevo emprendimiento.
La frase que guiaba cada expansión, recuerda Carla, era “ya que estamos”. Ya que estamos, hagamos mermeladas con las frutas de los árboles. Ya que estamos, esquilemos las ovejas que nos regalaron para tejer mantas. Ya que estamos, extraigamos la miel de las colmenas…

De esta filosofía surgió una finca modelo que lleva más de tres décadas ofreciendo experiencias auténticas.
El sabor de la montaña
Un arroyo de aguas puras y cristalinas, proveniente de la Cordillera de los Andes, atraviesa la propiedad. Es allí donde los Meglioli han instalado su conocido criadero de truchas que visitan los turistas que llegan en verano.

La zona tiene una gran afluencia de visitantes, muchos de ellos atraídos por la cercanía al paso internacional que conecta San Juan con Chile, vía de acceso para quienes se dirigen a La Serena.
“En el departamento Iglesia, tenemos uno de los mejores cielos de la Argentina, viento constante y las termas de Pismanta, de fama mundial. Nosotros somos el complemento perfecto para una estadía integral”, afirma Carla.
Qué ofrece la finca
El Martillo es un centro de experiencias rurales integrales:
El criadero de truchas: Se crían en el arroyo que circunda la finca: es una zona de aguas frías y puras de montaña. Los visitantes pueden ver el proceso y, por supuesto, degustar el producto fresco en el restaurante.

Gastronomía de campo: Su restaurante es famoso por la trucha a la manteca negra o al limón, pero también por sus preparaciones al horno de barro y sus empanadas de carne cortada a cuchillo.

Almacén regional: Un pequeño «shopping rural» donde podés comprar dulces caseros y conservas artesanales, miel pura y frutos secos, tejidos en lana de llama y oveja realizados por artesanos locales y vinos, entre otras cosas.

Granja y agroturismo: Ideal para familias. La finca cuenta con llamas, ovejas de distintos colores, caballos y conejos. Es un espacio educativo donde se aprende sobre la cría y el cuidado de estos animales en climas extremos.






