A 7 kilómetros de Monte Hermoso, ofrecen una propuesta que desafía la lógica del turismo costero tradicional. Aquí no se trata solo de mar y sol, sino de raíces, silencio y madera viva.

A pocos pasos de la playa, pero envueltas en un mundo propio, las Cabañas del Bosque ubicadas en Sauce Grande, a 7 kilómetros de Monte Hermoso, ofrecen una propuesta que desafía la lógica del turismo costero tradicional. Aquí no se trata solo de mar y sol, sino de raíces, silencio y madera viva. Enclavadas en medio de un bosque autóctono y una reserva forestal, estas cabañas de tronco parecen susurrar historias desde su estructura rústica y acogedora.
Atendida cálidamente por sus dueños, Viviana y Hugo, y diseñadas para hasta cinco personas, con dos dormitorios y todos los detalles pensados para el confort, son ideales tanto para parejas en busca de intimidad como para grupos pequeños de amigos o familias adultas que desean compartir sin invadir el espacio del otro. Cada rincón, desde la parrilla individual, hamacas paraguayas y el fogón, están cuidadosamente dispuestos para fomentar la desconexión digital y la conexión humana. Los muebles rústicos, lejos de ser meros adornos, invitan a tocar, a sentarse, a quedarse un rato más.

Lo que distingue a este alojamiento es su ubicación privilegiada: rodeado de un bosque agreste y fauna silvestre variada, ofrece una experiencia de inmersión natural que contrasta con la cercanía al balneario, a solo minutos caminando
Es esta dualidad la que lo convierte en un destino perfecto para quienes buscan lo mejor de ambos mundos: la energía del mar y la calma del bosque.
Los huéspedes suelen describirlas como “las más lindas y cómodas cabañas de Sauce”, un testimonio que habla tanto de su estética como de su funcionalidad. Aunque cuentan con servicios modernos como Wi-Fi y cable (para quien los necesite), su verdadero lujo radica en lo que hay: ruido, multitudes ni prisas.
En un momento en que viajar se ha vuelto sinónimo de acumular destinos, Cabañas del bosque propone algo mucho más valioso: desacelerar.
Escuchar el crujido de las hojas bajo los pies, dejarse mecer por el canto de los pájaros nativos.
Perderse en un sendero sin rumbo fijo y tropezar, casi por casualidad, con “El Abuelo”: un árbol milenario que solo revela su presencia a quienes deciden explorar con lentitud.
¿Listo para cambiar la arena por el musgo, sin renunciar al mar? En Sauce Grande, el bosque y el mar te esperan.






