El Canal de Panamá mueve al mundo con agua de lluvia

Autor:

Mariana Otero

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Un sistema de ascensores hídricos eleva barcos de 150.000 toneladas sobre la cordillera central para unir los dos principales océanos en apenas diez horas.

El Canal de Panamá es un paseo obligado en cualquier visita al país centroamericano. Siempre soñamos con estar ahí y, la verdad, es más impresionante de lo imaginado.

Esta  gran obra de ingeniería desafío hace 111 años la lógica del transporte marítimo y redefinió las rutas comerciales, ahorrando a los buques los 13 mil kilómetros de navegación que implica bordear el Estrecho de Magallanes, al sur del continente. Une al océano Atlántico con el Pacífico.

En febrero pasado, visitamos las esclusas centenarias de Miraflores y, días después, las nuevas de Agua Clara por donde pasan los buques de mayor volumen. Hay algunos que transportan hasta 17.000 contenedores. 

Pero empecemos desde el principio. El canal fue construido por Estados Unidos, tras un fallido intento francés, e inaugurado en 1914. La administración norteamericana duró hasta el 31 de diciembre de 1999, cuando fue entregado a Panamá. El canal hoy es el motor económico del país.  

En la visita a ambas construcciones, una muy cerca de la ciudad de Panamá y la nueva, en la provincia de Colón, es posible observar de cerca la navegación de los barcos de un océano al otro utilizando un mecanismo que les permite “escalar” el istmo. 

El canal funciona como un sistema de ascensores de agua que eleva las naves 27 metros sobre el nivel del mar para cruzar la cordillera central a través del lago Gatús, para luego bajarlas en el extremo opuesto.

El llenado y vaciado de las cámaras originales de 1914 se realiza exclusivamente por gravedad, sin bombas eléctricas. Cada buque que pasa consume unos 200 millones de litros de agua dulce que  fluye desde los lagos al mar. Por esta razón, la cuenca hidrográfica del canal con su selva tropical que garantiza la lluvia es el activo más protegido de Panamá. Sin la enorme cantidad de agua que cae sobre el istmo, el sistema no podría operar.  

En la ampliación del canal (año 2016) con las nuevas esclusas de Agua Clara, se ha implementado un sistema de tinas de reutilización que permite recuperar el 60% del agua en cada tránsito.

Actualmente, entre 12 mil y 14 mil barcos cruzan anualmente este paso de 80 kilómetros, que une los dos grandes océanos del planeta. Las embarcaciones pagan entre 120 mil y un millón de dólares por  transitar por el canal dependiendo del tamaño y la carga, entre otras cosas.

Símbolo de soberanía

El canal es un símbolo de soberanía nacional. Hoy, la vía es gestionada de manera autónoma por unos 8.000 empleados, todos panameños. Los capitanes panameños son los encargados de maniobrar los buques cuando entran en el canal. Son alrededor de 300, altamente especializados, quienes asumen la responsabilidad total de la maniobra.

Estados Unidos es el cliente número uno de la vía bioceánica, seguido por China y Japón. Los barcos transitan en ventanas horarias: de madrugada hacia el Pacífico y por la tarde hacia el Atlántico. En la ampliación, donde ya no se utilizan los tradicionales trenes para el arrastre, botes remolcadores mantienen la rectitud de las naves mientras avanzan por el carril único.

En cifras

Capacidad y tránsito. Por el istmo cruzan anualmente entre 12.000 y 14.000 embarcaciones. En un día de operación normal, el Canal gestiona el paso de aproximadamente 36 buques. Es una logística que no se detiene los 365 días del año.

El gigante Neopanamax. Tras la inauguración de la ampliación en 2016, la vía puede recibir buques de hasta 366 metros de eslora (el equivalente a tres campos de fútbol) y 150.000 toneladas de peso. Son conocidos como Neopanamax.

Consumo de agua. Cada tránsito por las esclusas  centenarias requiere el desplazamiento de 200 millones de litros de agua dulce. Gracias a las nuevas tinas de reutilización en la ampliación de Agua Clara, se logra reciclar el 60% del agua empleada, una cifra vital para la sostenibilidad de la cuenca.

Impacto económico. El Canal es el corazón financiero de Panamá. Como nos dijo un experimentado guía de la ciudad “es el Banco Central del país”.

Ahorro en distancia. Para un buque que viaja de la costa este de EE. UU. hacia Asia, el Canal representa un ahorro de 13.000 kilómetros de navegación comparado con la ruta por el Estrecho de Magallanes. Lo que antes implicaba semanas de travesía, hoy se reduce a un tránsito de entre 8 y 12 horas.

Principales usuarios. Estados Unidos se mantiene firmemente como el cliente número uno, seguido por China y Japón. Otros actores clave en la región, como Chile, Perú y México, dependen críticamente de esta vía para sus exportaciones e importaciones.

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