Portobelo, donde el Caribe se vuelve historia y leyenda

Autor:

Mariana Otero

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La ciudad de la provincia de Colón en Panamá es Patrimonio de la Humanidad. Es un tesoro cultural de valor inigualable. Por allí pasaban los tesoros de la corona española.

Llegamos a Portobelo, en la provincia de Colón (Panamá), con la expectativa que provocan los lugares con una historia profunda. Dicen, y se sabe, que los territorios tienen su propia memoria y eso es lo que se siente al pisar esta tierra que danza al ritmo de los tambores. 

Después de un primer paseo por esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad, la sensación es que su atmósfera algo decadente debería brillar más. Se advierte su antiguo esplendor. El guía del centro de interpretación de la oficina de turismo nos contó que se dice que fue bautizada por Cristóbal Colón, en su cuarto viaje por el Caribe en 1502. Asegura la leyenda que el genovés dijo al llegar a la bahía «Porto tan belo», frente al despliegue de verde selvático y aguas cristalinas en una geografía perfecta.  

Antes de la llegada de los conquistadores, allí vivían comunidades indígenas que ya conocían los secretos de la selva. Sin embargo, fue la Corona española la que convirtió este puerto en un punto estratégico del comercio mundial, un imán para los tesoros y para los piratas que obligaron a fortificar la costa.

Un paseo por la historia

El conjunto monumental, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980, es imponente y se encuentra con distintos tipos de conservación.

Desde el Fuerte Santiago de la Gloria, que custodia la entrada del pueblo, hasta el Castillo de San Jerónimo —actualmente en restauración para recuperar su esplendor—, las estructuras militares explican el pasado de luchas y defensas. En el Edificio de la Real Aduana, en tanto, se almacenaba la mercancía que llegaba de toda América.  En ese lugar también funcionaba la casa del gobernador y se cobraban los impuestos que financiaban la conquista.  

Hoy, la Real Aduana resguarda la memoria. Sus salas albergan un museo dedicado a la identidad afro panameña, donde se narra con crudeza y orgullo la historia de la esclavitud, la discriminación y, sobre todo, la lucha incansable por la libertad.  

La cultura Congo

Podría decirse que el aire que se respira en Portobelo pertenece a los Congos. Esta cultura, también Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, nació del dolor de miles de africanos traídos contra su voluntad desde distintas tribus del antiguo Reino del Congo. 

 

Aquí, a diferencia de otros sitios del continente americano a donde llegaron esclavos, muchos hombres y mujeres  se convirtieron en cimarrones; se rebelaron, escaparon a la selva para formar palenques, comunidades libres. Allí, la cultura se convirtió en una herramienta de lucha. En los palenques nacieron personajes como una forma de burlarse y desafiar al opresor. 

En nuestra primera noche en Portobelo, después de una comida espectacular en Mama Niva, al lado del Mar Caribe, vimos a los congos danzar. Uno de ellos nos explicó en qué consiste la danza y cuáles son los personajes.   

El Rey y la Reina: Una forma de decirle a la corona española que ellos tenían su propia jerarquía.  

El Diablo: Vestido de rojo o negro y con un látigo, representa al esclavizador, al opresor que intenta arrebatar la libertad.  

El Baile: Una danza sensual donde la mujer incita al hombre pero lo bloquea, representando también el rechazo al hombre blanco que intentaba irrumpir en su espacio. Es un baile de pasos cortos, de cadera hacia arriba, que recuerda el tiempo en que los pies estaban encadenados.  

Hoy, la Fundación Bahía de Portobelo trabaja para que este legado no se pierda, apoyando a artistas y artesanos locales que mantienen vivo el espíritu cimarrón a través de la pintura y otras expresiones artísticas.

El Cristo Negro

Portobelo se explica mejor si hablamos del Cristo Negro, que se encuentra en la iglesia de San Felipe. Esta imagen atrae a miles de peregrinos cada 21 de octubre.  

La leyenda de su llegada es fascinante: se dice que una embarcación intentó desembarcar pero una epidemia lo impedía. Para alivianar el peso durante una tempestad, arrojaron cajas al mar. Los pobladores las abrieron y encontraron la imagen de Jesús Nazareno. 

Al empezar a orar, el pueblo sanó milagrosamente. En agradecimiento, cada año se realiza una procesión única donde los fieles caminan como tambaleándose —cuatro pasos adelante y tres atrás— emulando la debilidad de aquellos que sanaron de la peste. 

 

Sabores y naturaleza virgen

Para el viajero que busca más que historia y cultura, Portobelo ofrece un santuario natural de 35 mil hectáreas de bosque, manglares y selva tropical donde aún es posible avistar al esquivo quetzal.  

Y, por supuesto, está la gastronomía local que es una explosión de sabor ancestral basada en dos pilares: el coco y los mariscos. No hay que irse sin probar el yucado (yuca, coco y semillas de anís), y todo lo que se sirva alrededor de una mesa.

Datos útiles

​Para llegar a Portobelo hay que atravesar el istmo desde el Pacífico hasta el Atlántico.

Desde Ciudad de Panamá en auto: Es la opción más recomendada para los viajeros que buscan independencia. Se debe tomar la autopista Panamá-Colón y desviarse en la salida hacia Sabanitas. Desde allí, una ruta secundaria serpentea entre la vegetación hasta llegar al pueblo. El trayecto dura aproximadamente 1 hora y media.

Gastronomía. ​La cocina en Portobelo es el resultado de siglos de sincretismo entre los productos de la selva y el mar, con la técnica ancestral de la cultura afro.

El coco: Casi todos los platos locales tienen una base de leche de coco fresca. El arroz con coco y frijoles es el acompañamiento obligatorio.

  • Delicias del mar: No se puede visitar Portobelo sin probar el pescado frito relleno o el pulpo en salsa de coco (pulpo a la caribeña). Los mariscos se capturan en el día y se sirven con patacones (plátano verde frito) crujientes.
  • El yucado: Es el postre por excelencia de la zona. Se elabora a base de yuca rallada, coco y semillas de anís. Tiene un sabor dulce y especiado.
  • Torrejas de bacalao: Pequeños buñuelos fritos de masa condimentada con trozos de bacalao salado y un toque de ají chombo (un chile local muy picante pero aromático), ideales como entrada.

Este viaje fue posible gracias al apoyo de PromTur Panamá, a la Cámara de Turismo de Portobelo y a la Organización Mundial de Periodismo Turístico.

Imágenes de una ciudad histórica

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