Auschwitz, el destino que te cambia la mirada sobre la humanidad

Autor:

Pepe Segura

Categoría:

Cuando armamos nuestro viaje a Polonia, habíamos fijado como prioridad conocer Auschwitz, el mayor complejo de concentración y exterminio que construyeron los alemanes nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Al momento de contratar el viaje, la empresa que elegimos nos anticipó dos cuestiones: recién el día anterior al programado, las autoridades avisarían si podíamos ingresar o no y que para esa fecha no había disponibilidad de visitas guiadas en español. Con estos dos datos arrancó nuestro recorrido por la tierra de Juan Pablo II. Cracovia fue nuestra puerta de entrada a Polonía y allí, la tarde anterior al día indicado en nuestro ticket de entrada, recibimos la confirmación de que nuestro ingreso estaba asegurado. Horario de entrada: 17.30 del 28 de agosto de 2025.

Auschwitz está a 70km de Cracovia y nuestro viaje en bus demandó una hora y media. De más está decirles que a medida que nos acercábamos a nuestro destino la ansiedad fue ganando terreno. Estar en un lugar definido como “La sucursal del infierno en la tierra” y, ver de cerca esas imágenes del horror inmortalizadas en fotos y películas de la guerra, aceleraron nuestras pulsaciones cómo no lo habíamos imaginado.

A medida que nos acercábamos, el paisaje se fue asemejando a lo que las películas nos habían mostrado. El bus nos dejó a un par de cuadras de la entrada y, sin darnos cuenta, apuramos el paso para llegar al sitio indicado. Ver la torre de entrada que identifican al campo de concentración fue shockeante, las palabras estaban de más, solo había lugar para el asombro y el dolor por saber lo que había pasado allí adentro.

En una suerte de tour desordenado (les recordamos que no conseguimos guía) comenzamos el recorrido tratando de no perdernos detalles. El por qué las vías del tren que ingresan al campo tomaban tres direcciones distintas recibió rápida respuesta de una integrante del viaje: “Los trenes paraban aquí- explicó- donde se realizaba un proceso de selección que determinaba el destino de los pasajeros. Los más fuertes seguían hasta las barracas donde eran alojados para los trabajos que demandada el campo y los otros eran conducidos a los hornos crematorios. Es decir, aquí se decidió la muerte de miles y miles de prisioneros, la mayoría de ellos, judíos” terminó.

Los murales con imágenes de cómo era la vida de los prisioneros y cómo se distribuía el campo de concentración y exterminio y los cercos electrificados y con alambres de púas fueron la segunda parada en este camino sobrecogedor.

Apuramos el paso hacia nuestra derecha para ir en búsqueda de lo único que queda en pie en el campo: las barracas. Allí, hacinados, los prisioneros pasaban sus horas esperando por su destino que, la mayoría, imaginaba de muerte. En cada barraca había unas 36 literas de madera y los prisioneros dormían de a cinco o seis en forma transversal en la plancha de madera. En el lugar había letrinas comunes, unas pegadas a otras.

No resultó difícil deducir cómo fue la vida de los prisioneros que, en número de 500 se “amontonaban” en el lugar. Recorrimos cuatro barracas, todas similares, y en cada una de ellas las imágenes que alguna vez nos entregó el cine se repetían una tras otra. Fue imposible no acordarnos de “La vida es bella” y de que como el papá (Roberto Begnini) hacía gala de su imaginación para proteger a su pequeño hijo de las atrocidades de sus cancerberos alemanes.

El silencio del lugar y de quienes allí estábamos se oía en el aire. El asombro y la tristeza eran indisimulables.

Seguimos en otra dirección, hacia la zona donde estaban los hornos crematorios. La historia cuenta que al saber que la llegada de los soviéticos era inminente (27 de enero de 1945), las autoridades del campo decidieron borrar las huellas del exterminio por lo que en el lugar no hay nada que recuerde ese dato de la tragedia. Para darnos una idea de la gigantesca maquinaría de matar que se había instalado en el lugar, vale recordar que las cuatro cámaras de gas más grandes podían contener a 2.000 personas al mismo tiempo.

Nos fuimos del lugar con la certeza que allí se había perpetrado uno de los mayores asesinatos en masa de la historia. Estuvimos en Auschwitz y comprobamos que, efectivamente, fue la sucursal del infierno de la tierra, el epicentro del Holocausto.

Nos fuimos sin dejar de asombrarnos y entristecernos por las más de 1.100.000 personas, la mayoría judíos, que allí fueron asesinadas mediante trabajos forzados, hambre, cámaras de gas y las enfermedades.

Nos fuimos conscientes de que al caminar por este lugar habíamos tomado nota de todo lo que los humanos podemos hacer cuando perdemos humanidad.

Datos del horror

# Auschwitz fue el mayor complejo de campos de concentración y exterminio de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, situado en la Polonia ocupada. Funcionó entre 1940 y 1945.

# Era un complejo de tres campos: Se componía principalmente de Auschwitz I (campo original), Auschwitz II-Birkenau (principal centro de exterminio) y Auschwitz III-Monowitz (campo de trabajo forzado).

# Además de más de 900,000 judíos, asesinaron a polacos, prisioneros de guerra soviéticos, gitanos (roma) y otros grupos étnicos. Cuando el Ejército Rojo ingresó el 27 de enero de 1945, encontró a solo unos 7,000 supervivientes.

# Es un lugar de memoria, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y un museo que recibe millones de visitantes para recordar las atrocidades del nazismo. 

# Sobre la entrada al campo había un cartel que decía: ARBEIT MACHT FREI, que significa «el trabajo te hace libre». En realidad, ocurría todo lo contrario. El trabajo se convertía en otra forma de genocidio que los nazis llamaban «exterminación a través del trabajo».

# Los prisioneros siempre tenían hambre. La comida consistía en sopa aguada hecha con carne y verduras podridas, un poco de pan, algo de margarina, té o una bebida amarga parecida al café. La gente, debilitada por la deshidratación y el hambre, contraía fácilmente las enfermedades contagiosas.

# La mayoría de los prisioneros de Auschwitz sobrevivían apenas unas semanas o unos meses. Aquellos que estaban demasiado enfermos o demasiado débiles como para trabajar eran condenados a morir en las cámaras de gas.  

Nota: la mayor parte de los datos publicados fueron recabados de la Enciclopedia del Holocausto

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