Entre Tinogasta y Fiambalá, un recorrido por la arquitectura colonial del noroeste argentino. Oratorios, antiguas postas comerciales, templos neoclásicos y la iglesia más antigua de Catamarca con un altar de barro.
La Ruta del Adobe en Catamarca -que une Tinogasta con Fiambalá- es un circuito turístico, histórico y arquitectónico de unos 50 km, ubicado a lo largo de la RN 60.
En nuestro Fampress con la Organización Mundial de Periodismo Turístico por la región de Tinogasta recorrimos esta ruta maravillosa con construcciones de más de 300 años en dos tramos, pasando por poblados como El Puesto, La Falda y Anillaco.
El adobe es una técnica ancestral que combina barro, paja, agua y estiércol secados al sol, que perdura por siglos y se caracteriza por ser un excelente aislante térmico en zonas áridas y desérticas. Estos son algunos de los puntos principales que visitamos.

La primera parada fue en el Oratorio de los Orquera (El Puesto). Se trata de una capilla privada edificada alrededor de 1740-1745, a unos 15 km de Tinogasta, por la familia Orquera. Posee una sola nave estrecha y alargada. Los muros son de adobe y el techo está sostenido por vigas de aliso y algarrobo ensambladas con tientos de cuero vacuno crudo en lugar de clavos. El sitio remonta a otros tiempos, a otras vidas.



“A diferencia del resto de las otras construcciones, no está hecha de bloques de adobe, sino que es una sola pieza. Esta construcción se la ha hecho imitando un poco lo que eran las construcciones de los cacanes, de los diaguitas”, explica Erika Sosa, nuestra guía.
El oratorio conserva una campana de bronce fundida en la misma época y un campanario de torre única sobre la fachada.
Guarda un pequeño altar rústico y un estandarte de la Virgen del Rosario, además de imágenes religiosas del siglo XVIII traídas desde Chuquisaca, Bolivia.
El lugar también cuenta con un museo con objetos de la familia.
El lugar está cargado de historias. Se cuenta que durante las guerras civiles del siglo XIX y las frecuentes incursiones de montoneras, la familia Orquera escondía las piezas litúrgicas de plata y oro debajo del piso de tierra del altar y tapiaba la puerta con bloques de adobe seco para que el edificio pareciera un simple depósito de forraje abandonado.
Iglesia de Nuestra Señora de Andacollo (La Falda). Es la típica postal de la ruta del adobe. Se trata de un templo de arquitectura neoclásica de 1772 reconstruido en el año 2001, que cuenta con dos torres y fachada con pilastras de adobe. Está ubicada en un paraje que históricamente se usaba para el pastoreo. “La iglesia es una de las primeras en ser construida con dos campanarios. Todas las otras tienen un solo campanario o no lo tienen”, explica Erika.

Es la más nueva de la Ruta del Adobe, aunque la localidad de La Falda era uno de los parajes más antiguos, que quedó prácticamente abandonado cuando se cambió el curso del río.



La virgen Nuestra Señora de Andacollo es la patrona de los mineros de los pueblos andinos.
Complejo del Mayorazgo e Iglesia de Nuestra Señora del Rosario (Anillaco)
El conjunto colonial de Anillaco representa la suma de poder civil, económico y religioso de la región en la época virreinal.

El guía Federico Paredes explica que el Mayorazgo (1687 / 1714) fue instituido a fines del siglo XVII por la familia Gómez de Brizuela.
El «mayorazgo» era una institución del derecho castellano que prohibía la división de las tierras de la familia, obligando a heredar la totalidad de los bienes inmuebles al hijo varón primogénito (o al marido de la hija mayor) para mantener intacto el patrimonio.



Se trata de una casona colonial organizada en torno a un gran patio en forma de «U» que, originalmente, contaba con 24 habitaciones, dos salones de recepción y un depósito comercial.
“Más que una casa de familia, era utilizada como una posta de descanso, que hoy en día sería como un hotel de paso. Es decir, que venían comerciantes, descansaban y aprovechaban para engordar su ganado”, detalla Paredes. Luego -agrega-, a través del río de La Troya, se llegaba hacia Chile, donde vendían sus productos.
“Esta construcción actualmente tiene 358 años de antigüedad”, afirma el guía.
Iglesia de Nuestra Señora del Rosario (1712): Es la iglesia más antigua de la provincia de Catamarca que se conserva en pie. Es impresionante: conserva sus muros de hasta un metro de ancho.

Tiene un altar moldeado a mano en un solo bloque de barro, único en su tipo.
“El original fue construido solamente por diaguitas. Está elaborado con los mismos materiales que el adobe, solo que a diferencia del adobe que utiliza molde, todo esto fue hecho a mano. Está revestido con greda, que es similar a la arcilla, solo que es mucho más gruesa. Y fue mezclada con la penca de la hoja de la tuna, que es similar a la baba del aloe vera. Le da un efecto como si estuviese barnizado o pintado”, dice Paredes.



No tiene ventanas para proteger el interior del viento zonda y mantener una buena acústica. Conserva cuatro tirantes originales de algarrobo que superan los 300 años.
Las puertas no utilizan bisagras de metal, sino un eje de madera incrustado en el marco superior e inferior; el sistema de quicio. Cuando la puerta se salía de su eje («de quicio»), dejaba de funcionar (de allí proviene la expresión “me sacaste de quicio”).
Federico Paredes nos muestra que la parte superior del marco de la puerta, que es original, tiene un grabado en latín. Dice: «Ave María, Gracia Plena, Año 1712». “Data del año en que inició la construcción. Y se la finalizó en su totalidad en 1714”, apunta el guía.
El templo cuenta con un confesionario incrustado en el muro de barro con doble puerta de madera. Al cerrarse una de las hojas, indicaba a los presentes que el cura estaba confesando.
“El sacerdote contaba con un banquito, la persona que venía a confesarse debía de ponerse de rodillas ante él y los separaba una cortina”, cuenta Federico.
El piso tiene tres niveles bien definidos. “Eran para marcar la Santa Trinidad -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- pero más que todo para marcar la diferencia entre las clases sociales”, subraya Paredes.
El nivel del altar (reservado para el sacerdote que oficiaba de espaldas en latín); el nivel medio (para los terratenientes, dueños del mayorazgo y sus invitados); y el nivel inferior (para los criollos y peones).
Los nativos y los esclavos africanos debían escuchar la misa desde la puerta de entrada o en la plaza exterior. Adelante los hombres; atrás, las mujeres.
“Ellos no compartían ni creencia ni lenguaje, pero eran obligados a presenciar la misa. Se decía que no merecían ingresar ni estar cerca del templo porque al tener oscura su piel, era más oscura su alma”, apunta el guía.
La iglesia sufrió daños menores en su techo hace unos años cuando cayó un árbol sobre la estructura, lo que motivó trabajos arqueológicos y de restauración a cargo de especialistas del CONICET debido a su valor patrimonial.
Otras paradas
Hotel Casa Grande (1897): Esta imponente casona de adobe de finales del siglo XIX perteneció a la familia Orella. Funcionó durante décadas como residencia, consulado de Chile y centro de negocios de la zona. Fue reciclada respetando los materiales originales de barro, tirantes de pino oregón y caña, convirtiéndose en el hotel temático de la Ruta del Adobe.

Centro Cultural Municipal (1898): Construcción de líneas coloniales tardías que funcionó como el primer hospital público y militar de la zona durante brotes epidémicos y conflictos fronterizos, conservando salas arqueológicas y museográficas sobre la técnica del barro cocido y secado al sol.

Capellanía de Copacabana. Está considerada como una de las más antiguas de la zona, establecida hacia fines del siglo XVII (1680–1700). Servía como centro litúrgico para las poblaciones rurales, arrieros y peones que transitaban la ruta que conectaba el valle con el paso hacia Chile y el Alto Perú.

Watungasta: Sitio arqueológico de origen diaguita e incaico ubicado junto al río La Troya, donde se observan recintos prehispánicos de piedra y adobe.
En Fiambalá se encuentra la Iglesia de San Pedro (1770), declarada Monumento Histórico Nacional. Alberga la célebre imagen en madera tallada de San Pedro Caminador.
Comandancia de Armas (1745): Edificación colonial vinculada a la defensa territorial e historia militar de la zona.
La iglesia rosa
Aunque no pertenece estrictamente a la Ruta del Adobe, la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, de Copacabana, es una de las joyas patrimoniales e históricas más destacadas del sur del valle tinogasteño.

Está asociada a la Capellanía de Copacabana, establecida hacia fines del siglo XVII (1680–1700). Durante el período colonial, funcionó como un punto clave de administración territorial, religiosa y económica, sirviendo a las poblaciones rurales, arrieros y peones que transitaban el antiguo camino hacia el Alto Perú y Chile.
El templo es visualmente muy llamativo. A diferencia de las iglesias con adobe rústico, se destaca por sus muros revocados y su pintura en tonos rosa/fucsia con molduras blancas.
DATOS ÚTILES
Ubicación: Tramo de la RN 60 entre Tinogasta y Fiambalá (Catamarca).
Duración: Se recorre en 4 a 5 horas realizando las paradas tranquilas.
Cómo hacerla: Se puede realizar en vehículo particular, en excursión guiada o en bicicleta.
Recomendaciones: Debido a la amplitud térmica del clima árido, se sugiere vestir en capas, llevar agua, protección solar y tener en cuenta las pausas del mediodía de los establecimientos locales.





