Gamboa: Un santuario natural en la selva tropical de Panamá

Autor:

Mariana Otero

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Enclavado en la Reserva Nacional Soberanía, Gamboa es un destino donde la historia de los pueblos originarios y los entrenamientos  de los astronautas que llegaron a la Luna convergen con un ecosistema único y la conservación de la vida silvestre.

A sólo 30 km de la ciudad de Panamá, la Reserva Nacional Soberanía resguarda la naturaleza y la biodiversidad. Allí se encuentra Gamboa, un destino bellísimo que visitamos junto a periodistas de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT), con el apoyo de PromTur Panamá. 

Nuestra primera parada fue el Gamboa Rainforest Reserve, un legendario resort, con 25 años de trayectoria, que se ha consolidado como un emblema del turismo regenerativo.  

Este complejo, miembro de Preferred Hotels & Resorts, combina un ambiente «rústico chic» con el respeto ambiental para ofrecer una experiencia de inmersión total en la selva panameña. 

Este es el punto de partida ideal para explorar hitos históricos como el Camino de Cruces —la ruta construida por los españoles para transportar mercancías usando el río como “autopista”— y para observar cómo la fauna local, desde monos hasta aves migratorias, reclama su espacio cerca del río Chagres. En este sitio, los huéspedes se conectan con la biodiversidad del istmo a través de atractivos como el orquidiario y el Santuario de Perezosos, donde se realiza una labor vital de rescate.  

Además de su riqueza natural, el hotel facilita el acceso a la cultura  ancestral y a la historia científica. Los visitantes pueden conocer la herencia de la comunidad Emberá, cuyos miembros, curiosamente, aprendieron inglés antes que español debido a la histórica presencia estadounidense en el Canal. Asimismo, el sitio permite descubrir los senderos donde, en 1962, los astronautas de la NASA realizaron entrenamientos de supervivencia antes de viajar a la Luna.  

Micromundos y conservación

El istmo de Panamá funciona como un corredor crítico para la biodiversidad. Entre sus centros de observación destacan.  

El Mariposario: Hogar de la espectacular Morpho Azul. Su ciclo vital es interesantísimo: tras ser un huevo por siete días y oruga por dos meses, la mariposa adulta vive apenas un mes. Estas especies son vitales para polinizar plantas como la «labios ardientes».  

Ranas venenosas: Se distinguen por sus colores intensos —verde en Gamboa y roja en Bocas del Toro— y su toxicidad proviene de los insectos que consumen.  

Santuario de perezosos: Este animal actúa como un «jardinero natural» que promueve la producción de oxígeno. Es una pieza clave en la cadena alimenticia para depredadores como el águila harpía. Actualmente, se investiga el potencial de las algas que crecen en su pelaje para eliminar células de cáncer de mama. 

El santuario protege a ejemplares víctimas de accidentes. La fragmentación de su hábitat es su mayor amenaza; al intentar cruzar carreteras, suelen quedarse dormidos y son atropellados.  

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