
No es de Colombia, de Brasil ni de Indonesia. El café más caro y exclusivo del mundo se produce en las tierras altas de Panamá, entre 1200 y 2200 metros de altura, y se degusta en copas de cristal.
Se trata de la variedad Geisha, un grano de color ámbar y sabores frutales que en nada se parece al que conocemos y que el año pasado alcanzó 30.000 dólares el kilo en una subasta electrónica.
Este producto de lujo, elegido por Casas Reales y bares de élite en Asia y el mundo árabe, se cultiva en Boquete, Volcán y otros pueblos de la provincia de Chiriquí, a los pies del volcán Barú y muy cerca de Costa Rica.
Aunque hoy es el emblema de Panamá, el Geisha es originario de los bosques de la montaña Gori Gesha, en Etiopía. Las semillas llegaron al país en 1963 vía Costa Rica de la mano de Francisco Serracín (“Don Pachi”), un funcionario del gobierno de entonces, en el marco de un programa de intercambio de alimentos entre países propiciado por las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial y en la búsqueda de resistencia a la roya.

Alta calidad
Si bien el Geisha es la estrella, todo el café de altura en este país es de especialidad: la mayoría supera los 80 puntos (la cifra que coloca un café dentro de esa categoría, según la Scap) y muchos son vendidos antes de ser cosechados. “En Panamá somos especiales, un café de 85 puntos lo consideramos regular. En otros países es un café top”, dice riendo el premiado barista Benjamín Roque en la Finca Altieri.
“El Geisha es un artículo de lujo, no es un commodity. En Panamá estamos obsesionados con la calidad, la eficiencia, la productividad, la resistencia a las enfermedades. No importa el costo. Eso nos hace diferentes y nos ha llevado a posicionarlo”, asegura.


La nota completa se publicó en la Revista Lugares del Diario La Nación.













