
Iturbide se convirtió en un referente del turismo científico en México gracias al Observatorio Astronómico Universitario Tlapiani de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), un proyecto que une astronomía, desarrollo económico y conservación ambiental.
Gracias a la generosa invitación del Doctor Santos Guzmán López, rector de la UANL llegamos a Iturbide, en el sur de Nuevo León, al norte de México, buscando uno de los cielos más oscuros del país y terminamos encontrando algo mucho más profundo: un modelo de turismo científico que está transformando la economía y la identidad de toda una región serrana.
A poco más de tres horas de Monterrey, este pequeño municipio enclavado entre montañas se ha convertido en uno de los destinos emergentes más interesantes para quienes buscan el denominado “turismo científico”, con experiencias de astroturismo, mezclado con naturaleza y divulgación científica en México. La razón tiene nombre propio: el Observatorio Astronómico Universitario Tlapiani de la UANL, instalado a 2.400 metros sobre el nivel del mar en el Cerro El Picacho.
Desde el inicio del recorrido, el doctor Eduardo Pérez Tijerina, reconocido físico, científico e investigador de la UANL y fundador del proyecto, nos explica que esta iniciativa comenzó a gestarse en 2012 como parte del Programa Universitario para el Desarrollo de la Astrofísica y Ciencias del Espacio del cual fue cofundador. El observatorio abrió al público en 2021 y actualmente recibe alrededor de dos mil visitantes al año, atraídos por una experiencia que mezcla ciencia, observación astronómica, laboratorio de destilado de Agave y convivencia con las comunidades locales.
Astronomía mexicana de clase internacional
La experiencia cambia por completo cuando se llega al observatorio. Según nuestro guía el científico Diego Martínez, no se trata únicamente de mirar estrellas; es una inmersión en el trabajo científico que desarrolla la UANL en colaboración con instituciones nacionales e internacionales. El telescopio principal se llama “Tlapiani”, palabra náhuatl que significa “guardián”. Se trata del tetratelescopio de última generación, diseñado y construido completamente en México por especialistas de la UANL entre otros. El sistema está compuesto por cuatro espejos de 50 centímetros de diámetro cada uno y fue creado específicamente para el monitoreo de asteroides y observación de objetos de espacio profundo, haciendo énfasis que solo hay 3 tipos de este telescopio en el mundo.
Durante el recorrido nocturno, guiado por astrónomos y físicos de la universidad, entendimos por qué este sitio es considerado uno de los mejores puntos de observación astronómica del país. De acuerdo con datos oficiales de la UANL, el observatorio registra alrededor del 65 % de noches despejadas al año y niveles de oscuridad del cielo que alcanzan magnitudes aparentes de 22.5 a 23, condiciones excepcionales para la observación del universo. Investigadores universitarios aseguran que el sitio podría ubicarse entre los tres mejores observatorios astronómicos de México.
Esa noche observamos planetas, nebulosas y regiones profundas de la Vía Láctea. También conocimos algunos de los proyectos científicos que se desarrollan desde Iturbide, incluyendo monitoreo de asteroides cercanos a la Tierra, basura espacial y estudios de clima espacial. La UANL mantiene además colaboraciones con organismos internacionales como el Instituto de Astrofísica de Canarias, la Academia Rusa de Ciencias y observatorios astronómicos de China y Brasil, algunos de ellos con sus propios telescopios automáticos al lado del observatorio.

Turismo científico: un modelo que genera desarrollo social
Lo verdaderamente interesante de Iturbide no es únicamente la ciencia, sino la forma en que el conocimiento se convirtió en una herramienta de desarrollo económico regional.
La UANL impulsó aquí el llamado “Turismo Científico de Nuevo León”, un modelo respaldado por la Secretaría de Turismo estatal y desarrollado junto con más de 20 empresas y actores locales. El proyecto busca convertir la ciencia en un motor económico y social para las comunidades rurales del sur del estado. El programa incluye recorridos de 24 horas con actividades guiadas, observación astronómica, hospedaje en cabañas, senderismo y experiencias educativas. Además del observatorio, el complejo cuenta con jardines botánicos, áreas de campamento y laboratorios científicos enfocados en conservación ambiental.
Uno de los proyectos más interesantes que impulsa la UANL en Iturbide es el Laboratorio de Conservación In Vitro de Agave, donde investigadores trabajan en la preservación de especies endémicas como el Agave asperrima y el Agave gentryi. El objetivo no es únicamente ambiental; también busca fortalecer una cadena productiva sostenible ligada al destilado artesanal de agave Flammam, desarrollado por la universidad como parte de su apuesta de turismo científico y desarrollo regional.
El nombre Flammam proviene del lema en latín de la UANL, Alere Flammam Veritatis (“Alentando la Flama de la Verdad”), y simboliza la unión entre ciencia, identidad y tradición. Elaborado con agaves de la Sierra Madre, este destilado representa además un esfuerzo por rescatar la histórica cultura mezcalera del noreste mexicano, mientras genera empleos y nuevas oportunidades económicas para las comunidades serranas de Iturbide.
Actualmente, decenas de familias de Iturbide participan directa o indirectamente en la operación turística del proyecto mediante hospedaje, alimentos, transporte y actividades complementarias. El impacto regional ha sido tan relevante que el Observatorio Astronómico Universitario recibió el Premio Excelencias Turísticas durante la Feria Internacional de Turismo (FITUR) en Madrid, uno de los reconocimientos más importantes de la industria turística internacional.
Qué ver en Iturbide además del observatorio astronómico
Aunque el observatorio es el principal atractivo turístico, Iturbide conserva la esencia pura de los pueblos serranos del noreste mexicano. Sus calles tranquilas, rodeadas de montañas y bosques, ofrecen un ambiente completamente distinto al ritmo urbano de Monterrey.
En el centro del municipio destaca el Templo de San Pedro Apóstol, construido en el siglo XIX, además del mural de piedra “Los Altares”, obra del artista Federico Cantú. Muy cerca se encuentra la llamada Escalera al Cielo, un mirador natural desde donde se observan las montañas de la Sierra Madre Oriental.
Los alrededores también permiten recorrer senderos naturales como el Sendero del Caracol, que conduce hasta la Cascada El Caracol, uno de los parajes más visitados de la región.
Sin embargo, la verdadera esencia de Iturbide aparece de noche. Cuando la temperatura desciende y la contaminación lumínica desaparece, el cielo se convierte en protagonista absoluto. Ahí, frente al silencio de la montaña y bajo millones de estrellas visibles a simple vista, resulta evidente que este proyecto va mucho más allá del turismo convencional.
La ciencia también puede emocionar
Lo que ocurre hoy en Iturbide representa uno de los proyectos más innovadores de turismo científico en América Latina. La combinación entre investigación astronómica, educación, sostenibilidad y desarrollo social ha permitido que un pequeño municipio serrano encuentre una nueva vocación económica ligada al conocimiento.
En tiempos donde muchos destinos compiten únicamente por entretenimiento, Iturbide propone algo distinto: mirar al cielo para entender mejor el futuro de las comunidades que viven debajo de él.
Y quizá esa sea la verdadera grandeza del Observatorio Tlapiani. No solamente observar estrellas, sino demostrar que la ciencia también puede generar identidad, empleo y esperanza en regiones que históricamente habían permanecido fuera de los grandes circuitos turísticos a través de esta iniciativa inédita de turismo científico.





