Cada Semana Santa, la ciudad jujeña despliega sus enormes murales de flores y semillas donde se involucra toda la comunidad.

Alba Nayra Camacho confiesa que tiene alma de “ermitera”. Lleva 30 años de sus 35 de vida envuelta en la magia de las ermitas de Tilcara, el sello de identidad de la Semana Santa en la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy.
Nayra comenzó a cortar pétalos de flores a los cinco años, en casa de Trinidad Cabrera, una de las primeras familias en confeccionar estas obras de arte elaboradas con productos de la naturaleza, que representan las estaciones del Vía Crucis.
Hoy, se encarga –junto a sus primas Alejandra y Agustina Valdiviezo y a un grupo de jóvenes– de la creación de una de las 14 ermitas que conmemoran el camino de Cristo al sacrificio en la liturgia cristiana. “Se hace con mucho amor y voluntad; es mantener viva la cultura y lo religioso”, piensa.

Las ermitas son de grandes dimensiones hechas con flores, semillas, tierra de colores, arcilla, cortezas de árboles y un largo etcétera, que sostienen una antigua tradición católica y andina.
La historia se remonta a 1835 cuando, según se cuenta, un pastor vio la imagen de la Virgen de Copacabana en una piedra en lo alto del cerro Abra de Punta Corral. Cada miércoles santo, los feligreses y las bandas de sikuris con sus bombos, platillos, maracas y redobles (después de haber sido bendecidos en la iglesia del pueblo) ascienden unos 30 kilómetros hacia 4000 metros de altura en honor a “la mamita del cerro”.
En los primeros tiempos, en el sendero se levantaban cuatro ermitas (chozas – santuarios), construidas con ramas, semillas, frutos y hojas, con imágenes religiosas en su interior.
Esas capillas fueron las precursoras de las ermitas orgánicas contemporáneas de enormes dimensiones con escenas figurativas efímeras y perecederas de gran desarrollo técnico y estético, que se utilizan sólo una vez.


La nota completa se publicó en la revista Lugares.











