Castillo de San Lorenzo, el centinela de los tesoros de la colonia

Autor:

Mariana Otero

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A poco más de una hora de la ciudad de Panamá, en la desembocadura del río Chagres, se encuentra esta edificación del siglo XVI que resume la historia del dominio español en América.

En la desembocadura del río Chagres,  en medio de la selva tropical lluviosa que se encuentra con el Mar Caribe, se alza una imponente mole de piedra que narra, como pocas, la historia del dominio español en América. Se trata del Castillo de San Lorenzo del Real del Chagres. 

Llegamos hasta allí en nuestro viaje con colegas de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) en febrero de 2026, con el apoyo de PromTur Panama. 

Según nos contaron, la gente lo confunde con un “fuerte”, pero no lo es. Es un verdadero castillo, una obra de la ingeniería militar del siglo XVI que hoy lucha por recuperar su esplendor y salir de la lista de patrimonio en peligro de la Unesco. 

La reconstrucción está en marcha y ya se pueden visitar varias bóvedas para comprender una historia que nos toca de cerca. 

Este castillo, entre otras cosas, servía para el resguardo de los tesoros que los colonizadores españoles llevaban hacia Europa. Sólo viendo el punto estratégico del río Chagres (en donde estuvo Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América) es posible entender cómo era el movimiento mercantil en aquellos años.

Las llaves del reino

Para comprender la importancia de San Lorenzo, hay que imaginarlo como una de las “llaves del reino”. Durante la colonia, España diseñó un sistema de defensa que abarcaba desde San Agustín hasta Guyana para proteger sus rutas comerciales. Panamá era el corazón de este engranaje: por sus caminos —el Camino de Cruces y el Camino Real— transitaba todo el oro, la plata y las especias extraídas de Sudamérica con destino a la metrópoli.  

El castillo fue erigido por la Corona española a finales del siglo XVI con un objetivo estratégico: proteger la entrada del río Chagres. 

Este río era la “autopista fluvial” que permitía navegar hasta Gamboa, donde se conectaba por tierra con la Ciudad de Panamá en el Pacífico. Era una ruta vital, aunque peligrosa y lenta, que podía tardar hasta quince días en completarse.  

Piratas y corsarios

El castillo fue atacado y destruido en innumerables ocasiones por piratas legendarios. Francis Drake lo arrasó en 1596 durante su primera construcción. Años más tarde, en 1671, Henry Morgan tomó la fortaleza antes de lanzarse sobre la Ciudad de Panamá. Según nos contaron, Morgan desembarcó a 400 hombres para atacar por la retaguardia, fuera del alcance de los cañones españoles. Y así logró su objetivo. 

A pesar de las destrucciones —la última gran reconstrucción data de mediados del siglo XVIII—, el sitio conserva la esencia de un castillo militar: murallas, fosos, hornabeques y trece bóvedas que sirvieron tanto para alojar tropas como para resguardar los tesoros de las Indias.  

La fiebre del oro

Con el paso de los siglos, la importancia de la ruta disminuyó hasta que la fiebre del oro de California en el siglo XIX le devolvió el protagonismo. Panamá volvió a ser el paso obligado entre las dos costas de Estados Unidos, lo que derivó en la construcción del ferrocarril transístmico y, finalmente, del Canal de Panamá.  

Incluso durante la administración estadounidense del Canal, el área del castillo fue utilizada con fines militares, albergando bases para la protección de la zona. En octubre de 1979, bajo los tratados Torrijos-Carter, el fuerte regresó a manos panameñas.  

Hoy, el Castillo de San Lorenzo se encuentra en una fase crucial de restauración liderada por el Ministerio de Cultura de Panamá. Se ha completado una primera etapa utilizando materiales originales para mantener la autenticidad exigida por la Unesco.  El castillo es Patrimonio de la Humanidad desde el año 1980.

Aunque actualmente no se puede visitar el cien por ciento de la estructura, es posible disfrutar de una experiencia completa que combina historia y naturaleza. El sitio, enmarcado en un paisaje protegido, ofrece también senderismo y observación de aves en la espesa selva circundante.  

Las vistas panorámicas desde sus miradores hacia el Caribe y la desembocadura del Chagres son fabulosas. Las salas de exposición en las bóvedas restauradas, en tanto, narran la dura vida de los soldados que custodiaban este puesto remoto.  

Turismo subacuático 

En la actualidad existen proyectos para desarrollar el turismo subacuático, explorando los galeones y cañones que descansan en el lecho marino tras siglos de batallas. No se sabe cuántos hay, pero se estima que son muchísimos.

DATOS ÚTILES 

El recorrido desde la Ciudad de Panamá hacia el Caribe es un viaje de contrastes, atravesando el istmo en poco más de una hora.

De Ciudad de Panamá a las esclusas de Agua Clara (ampliación del Canal de Panamá): Aproximadamente 75 km (1 hora y 15 minutos por la autopista Panamá-Colón).

De Agua Clara al Castillo de San Lorenzo: 15 km adicionales (30 minutos). El camino se interna en la selva del Área Protegida San Lorenzo.

Medios de transporte. El vehículo particular o alquiler es la opción más recomendada. El trayecto se realiza por la Autopista Panamá-Colón (peaje 2.30 U$S por trayecto).

Excursiones organizadas: Existen tours de día completo desde Ciudad de Panamá que incluyen transporte, guía y entradas a ambos sitios (precios desde 80 USD por persona).

Horarios y tarifas. 

Castillo de San Lorenzo. De lunes a domingo, de 8 a 16. Entrada para extranjeros: 5U$S. 

Esclusas de Agua Clara. De lunes a domingo, de 8 a 16. Entrada extranjeros: 10U$S

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