Esta ciudad catalana es una joya cultural. Está cargada de leyendas y postales sobre el río Onyar que recuerdan a Florencia. Está muy cerca de Barcelona.

A poco más de dos horas de viaje en bus desde Barcelona (solo 40 minutos en tren de alta velocidad), se llega a la monumental y mística ciudad de Girona con su imponente Catedral y el laberinto de piedra de uno de los barrios judíos mejor conservados de Europa.
Este fue nuestro primer destino en uno de nuestros viajes por España. Después de aterrizar en Barcelona, sin movernos del aeropuerto, en la T1, tomamos un ómnibus de la empresa Sagales, que nos llevó directo a esta preciosa ciudad medieval y culta que sabe capitalizar su herencia histórica para ofrecer una altísima calidad de vida, atrayendo a una comunidad internacional de atletas (ciclistas principalmente), creativos y chefs, sin perder su esencia de pueblo grande catalán.

Girona es una alternativa slow frente a la masificación de Barcelona. Es una ciudad que se puede conocer íntegramente caminando. Es muy fotogénica y cargada de leyendas.
Está dividida por el río Onyar, donde se reflejan sus casas de colores. El casco antiguo (Barri Vell) se concentra en la orilla oriental, custodiado por los restos de las murallas carolingias.

Como siempre, nuestro primer paseo fue un free tour por la ciudad. Estos tours a pie gratuitos (al finalizar se entrega el guía una propina) son la mejor manera de tener un pantallazo del lugar para después regresar a los sitios que uno desee. Todos los guías son profesionales y dan información clave, y de una manera muy entretenida.
Arrancamos por la judería en el casco antiguo. El Call (La Judería) fuehabitado por la comunidad hebrea entre los siglos IX y XV (hasta la expulsión de 1492). En medio del entramado de callejones empinados y patios porticados se encuentra la sede de la escuela cabalística más importante de la península y el Museo de Historia de los Judíos, ubicado en la antigua sinagoga del siglo XV.
La arquitectura
El recorrido imprescindible sigue por la Catedral de Santa María, que posee la nave gótica más ancha del mundo (22,98 metros), superada en cualquier estilo arquitectónico sólo por la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Para acceder a ella se debe subir una escalinata barroca de 90 peldaños.
Una de las postales más lindas de Girona son las casas sobre el río Onyar, que a muchos les hace recordar a la ciudad italiana de Florencia.
Las fachadas fluviales están pintadas siguiendo una paleta cromática establecida de manera oficial en la década de 1980, con la intención de revivir el paisaje urbano tradicional.
Sobre el río hay cuatro puentes principales, pero el más icónico es el Pont de les Peixateries Velles (o Puente de Hierro), diseñado por la compañía de Gustave Eiffel en 1877, 12 años antes de la construcción de su famosa torre en París. Es de hierro pintado de rojo que ofrece la perspectiva fotográfica más famosa de las casas del Onyar.
Hay otro puente que tiene una historia fascinante: el puente de Almeda. Según nos contaron, a mediados del siglo XIX, Girona necesitaba modernizarse y abrir una nueva vía de comunicación que conectara la parte medieval del Barri Vell con las zonas de expansión de la ciudad.
El proyecto era construir un puente peatonal sobre el río Onyar: el Pont de la Font de Rei (que luego sería sustituido por el actual puente de los Agustinos).
Pero el espacio en la orilla del casco antiguo estaba saturado de edificios de piedra y no había posibilidades de calzar del puente. Los ingenieros plantearon la posibilidad de que se empotrara en la fachada de alguna casa Y atravesar la planta baja para salir mediante un túnel hacia la calle de las Ballesteries.
Ese edificio pertenecía a Manuel Almeda. El ayuntamiento inició los trámites para expropiar esa franja de su casa pero el dueño impuso una condición innegociable: que el puente llevara su nombre. Así fue.

Leyendas
Girona está repleta de leyendas maravillosas. Si no han sido verdad, merecerían serlo. Les contamos algunas.
En la Calle Calderers hay una columna de piedra con la figura de una leona trepando.
Cuenta la leyenda medieval que los viajeros que llegaban a la ciudad debían besarle el trasero a la leona para demostrar su deseo de integrarse y garantizar el regreso sanos y salvos a Girona. El dicho popular dice: “No puede ser vecino de Girona quien no bese el culo de la leona”.

Otra es la de San Narciso, patrono de la ciudad. En 1285, durante el asedio del ejército francés de Felipe III, las tropas invasoras profanaron la tumba del santo en la Iglesia de Sant Feliu.
Se cuenta que de su cuerpo sepultado brotó una nube de moscas gigantes y zumbadoras que atacaron y picaron a los soldados franceses y a sus caballos, contagiándoles la peste y provocando su huida.
Conociendo esta parte de la historia se entiende por qué la mosca es el amuleto e ícono no oficial de Girona. Las encontramos en artesanías, chocolates, postres y logos de comercios.
Pero hay más. Nuestro guía nos contó la leyenda del cocodrilo en el río. Se dice que los monjes del antiguo monasterio de los capuchinos tenían un cocodrilo como mascota que terminó escapando a las aguas del río Onyar. Los días de niebla densa, la mitología popular asegura que se puede ver la silueta del reptil nadando silenciosamente bajo los puentes.
También circula el relato de la gárgola de la bruja. En la parte más alta de la torre de la Catedral hay una gárgola con forma humana (todas las demás son monstruos o animales). Se cree que era una mujer que se dedicaba a la brujería y a lanzar piedras a las procesiones religiosas. Como castigo divino, se convirtió en piedra.
La curiosidad es que está colocada de tal forma que de su boca no sale agua bendita, sino el agua de la lluvia, y está obligada a mirar siempre hacia el suelo, sin poder volver a mirar al cielo.

Baños árabes y otros rincones
Una curiosidad es que uno de los monumentos más visitados y fotografiados por su espectacular cúpula octogonal son los baños árabes que no son árabes. En verdad fueron construidos por cristianos en el siglo XII (estilo románico), imitando la estructura de los baños musulmanes norteafricanos.
Volviendo al casco antiguo se encuentra una plaza diminuta que los guías locales suelen presentar como la más pequeña de Europa. Mide unos pocos metros cuadrados y cuenta con un solo banco de piedra.
Al llegar a la Iglesia de Sant Feliu hay que observar la fachada gótica que tiene una torre que parece cortada. Nos contaron que en el siglo XVI, un rayo destruyó la parte superior y las autoridades decidieron dejarla así, convirtiéndola en una de las siluetas más reconocibles de la ciudad.
Otra cosa interesante es caminar por la parte superior de las antiguas murallas reconstruidas. El paseo es gratuito. Las torres de vigilancia funcionan como miradores 360.

Tips viajeros
Ubicación y accesibilidad: Está situada al noreste de Cataluña. Desde Barcelona se llega en solo 38 minutos utilizando el tren de alta velocidad (AVE). También cuenta con su propio aeropuerto (Girona-Costa Brava), muy utilizado por aerolíneas low cost. Desde el aeropuerto hay un bus directo a Girona (ese tomamos nosotros).
La mejor época para viajar: Mayo: Se celebra “Girona, Temps de Flors”, un festival donde la ciudad se llena de espectaculares montajes florales. Es hermoso, pero muy concurrido.
Primavera y otoño: Clima ideal para caminar sin el calor sofocante del verano.
Tierra de reyes y dragones: Girona fue uno de los escenarios principales de la sexta temporada de la serie Game of Thrones (Juego de Tronos). Las escalinatas de la Catedral se convirtieron en el Gran Septo de Baelor, y las calles del Call fueron las calles de Braavos. Existe un «Tour de Juego de Tronos» muy popular entre los viajeros.
Gastronomía: Girona es un peso pesado mundial de la gastronomía. Aquí algunos datos indispensables:
# El Celler de Can Roca: Con tres estrellas Michelin y nombrado varias veces como el mejor restaurante del mundo por The World’s 50 Best. Reservar requiere casi un año de anticipación.
# Rocambolesc: La heladería artesanal de Jordi Roca (el menor de los hermanos de Can Roca). Los helados son espectaculares a precios accesibles.
# El postre local: No se pueden ir sin probar el Xuixo (pronunciado chucho), un pastel vienés cilíndrico, frito, azucarado y relleno de crema pastelera.
Calzado cómodo, obligatorio: El casco antiguo está completamente empedrado y lleno de cuestas y escaleras.
Girona es peatonal. La mejor forma de recorrer el centro histórico es a pie; los coches tienen el acceso muy restringido.
Ciclismo: Girona es considerada la meca europea del ciclismo de carretera. Muchos ciclistas profesionales viven allí por su terreno y clima. Hay decenas de cafeterías temáticas de ciclismo.





















