Te llevamos a conocer esta ciudad señorial, donde los palacios del siglo XVIII se mezclan con leyendas de santos guerreros. Animate a cenar en carnicerías que se convierten en restaurantes de noche.

En nuestro viaje por la región de Puglia, en el sur de Italia, llegamos a Martina Franca, considerada la “capital» del Valle de Itria.
La verdad es que nos sorprendió la arquitectura barroca y rococó, en contraposición a los pueblos vecinos más rústicos.
Cuando cruzamos el portal de su casco antiguo tuvimos la sensación de estar ingresando a un teatro al aire libre del siglo XVIII. Es un laberinto de callejones donde, de repente, emergen monumentales palacios señoriales y la majestuosa Basílica de San Martino, una joya del barroco local.
Sin dudas, Martina Franca es la versión más sofisticada y aristocrática del sur de Italia.
Esta parada fue parte de nuestro road trip que partió desde Bari, siguió por los trulli de Alberobello y la belleza de Locorotondo.
La ciudad se asienta sobre una meseta en las colinas de la Murgia, a unos 400 metros sobre el nivel del mar. Está a una distancia equidistante (unos 30 km) tanto del mar Jónico (nos faltó conocerlo) como del Adriático.
Pero volvamos al centro histórico repleto de casas blancas decoradas con balcones de hierro forjado repletos de flores, portales y un barroco exuberante.

Qué ver
Porta di Santo Stefano (o Arco di Sant’Antonio): Es la impresionante puerta barroca de acceso al casco antiguo. Conmemora, según la leyenda, la intervención milagrosa de San Martín para defender la ciudad de los mercenarios franceses.

Palazzo Ducale: Construido en el siglo XVIII, fue la antigua residencia de la familia Caracciolo. Actualmente funciona como el Ayuntamiento de la ciudad. Es imperdible visitarlo por dentro debido a sus imponentes salones cubiertos de frescos de la época.
Las pinturas son del artista Domenico Carella quien, se dice, retrató las intrigas, romances secretos y disputas de poder de la corte de los duques Caracciolo utilizando metáforas mitológicas. El consejo: leer entre líneas las miradas de los personajes en las paredes.
Hicimos la visita al Palacio: es bellísimo y la entrada, gratuita.

Piazza Plebiscito y Basílica de San Martino: La Basílica es una obra maestra del barroco y rococó del siglo XVIII, levantada sobre una estructura románica previa. Su fachada es magnífica, cargada de volutas de piedra y de relieves. Justo al lado se puede visitar el Museo de Arte Sacro.

Piazza Maria Immacolata: Es una preciosa plaza semicircular rodeada de pórticos neoclásicos y elegantes edificios barrocos. Antiguamente albergaba el mercado local y hoy funciona como el «salón» al aire libre donde la gente se reúne a tomar café.
Santos Cosme y Damián
Como toda ciudad europea, Martina Franca también tiene sus leyendas. Una de las historias más conocidas está ligada a la Porta del Carmine (otra de las antiguas puertas medievales de la ciudad). Cuenta la leyenda que, durante un intento de invasión, los santos médicos Cosme y Damián aparecieron sobre las murallas vestidos de guerreros y blandiendo espadas de fuego.
Por supuesto los atacantes huyeron, dejando a Martina Franca a salvo. Hoy continúa la gran devoción por estos santos.

Tips viajeros
Fornello Pronto: En Martina Franca, las carnicerías se transforman de noche en pequeños restaurantes. Cada uno elige los cortes directamente del mostrador —donde las estrellas indiscutidas son las bombette— y son cocinados al momento en un horno de leña vertical.
Perderse en la «Lama»: Una buena idea es visitar el barrio de la Lama. Es la zona más antigua del pueblo, con casas bajas con tejados puntiagudos similares a las cummerse de Locorotondo. Conserva una atmósfera auténtica.
Aperitivo en Piazza Maria Immacolata: El mejor momento para captar la esencia de la ciudad es entre las 18:30 y las 20, tomando un vino blanco Verdeca helado, acompañado de algún plato típico.
Parking: Al igual que en la mayoría de los cascos históricos de Puglia, el centro de Martina Franca es una ZTL (Zona de Tráfico Limitado). Lo mejor es dejar el auto en los alrededores de la Piazza d’Angiò o cerca del Viale della Libertà y caminar unos pocos metros hacia la Porta di Santo Stefano.
Festival della Valle d’Itria: Si vas en verano, tu visita puede coincidir con el Festival Internacional de Música Clásica y Ópera que se celebra desde hace más de 40 ediciones y que utiliza los patios del Palazzo Ducale y las plazas como escenarios líricos.

Gastronomía
Capocollo di Martina Franca: Es el producto estrella de la ciudad. Se trata de un embutido curado tradicional (hecho con lomo de cerdo), ahumado con corteza de roble local y vino.
Las Bombette: Bocados de carne de cerdo rellenos de queso, embutidos o hierbas, cocinados tradicionalmente a la parrilla en las carnicerías locales.
Vinos autóctonos: La zona produce vinos blancos ligeros y secos basados en variedades de uva locales y tradicionales como la Verdeca y el Bianco d’Alessano.















