Guía para conocer Lecce, la Florencia del sur de Italia

Autor:

Mariana Otero

Categoría:

Te llevamos a conocer esta ciudad monumental de la península de Salento, a 175 km de Bari. Qué hacer en dos días y datos clave para recorrerla a pie.

En nuestro road trip por la región de Puglia, en el tacón de la bota italiana, decidimos realizar una inmersión por la ciudad de Lecce, conocida popularmente como la “Florencia del Sur”. 

Mucho habíamos leído y escuchado sobre esta joya barroca y monumental imposible de ver en un solo día. Así que decidimos emprender nuestro viaje de 175 km desde la ciudad de Bari para quedarnos a dormir y disfrutar de dos días completos en este lugar realmente impresionante en la península de Salento. La recomendamos muchísimo.

Lecce tiene muchas cosas que destacar. En primer lugar, el gran atractivo es su arquitectura de estilo “barroco leccese”. Sus monumentos fueron construidos con la piedra de Lecce, una roca caliza muy blanda y maleable que permitió a los artesanos locales tallar decoraciones detalladas que parecen un encaje de piedra.

Su otro gran atractivo es la gastronomía. Es imperdonable irse sin probar el pasticciotto, un dulce de masa quebrada relleno de crema pastelera que es ideal para comer tibio en el desayuno. Para el almuerzo o la cena, el plato típico Ciceri e Tria, una pasta con garbanzos, parte de ella frita.

Qué ver

Basílica de Santa Croce. Es la obra cumbre del barroco leccese y el monumento más fotografiado de la ciudad. Su fachada es tan exageradamente detallada que, cuando se inauguró, algunos críticos de la época la describieron como «la pesadilla de un lunático», hoy se considera una obra de arte absoluta. Es realmente impactante. 

La basílica tardó más de un siglo en terminarse (entre 1549 y 1695), esto explica la fascinante mezcla de estilos entre la sobriedad del piso inferior y el delirio decorativo del nivel superior. 

Todo el complejo está esculpido en la famosa piedra caliza local que, como dijimos, al salir de la cantera es blanda como la arcilla y se endurece con el tiempo, adquiriendo ese característico tono ámbar con la luz del atardecer.

Hay algunos elementos de la fachada que no hay que perderse. Por ejemplo, los Cariátides y Atlantes. La gran balaustrada está sostenida por una fila de figuras grotescas y animales que representan a los enemigos de la fe cristiana de la época. Se pueden distinguir dragones, leones, grifos y figuras humanas encorvadas, que representan a los soldados turcos capturados en la famosa Batalla de Lepanto en 1571.

Un elemento destacadísimo es el rosetón, de inspiración románica pero rodeado por una exuberante corona de flores, querubines y hojas. Y hay un detalle más: un autorretrato oculto. Uno de los arquitectos, Cesare Penna, esculpió su propio rostro de perfil sosteniendo parte de la cornisa.

Del interior sólo podemos contar lo que dicen los folletos porque no pudimos ingresar ya que ese día había una boda y, por supuesto, nos quedamos a ver en la calle el despliegue de la ceremonia que congregaba a amigos y familiares acompañados de una orquesta cerca del atrio que recibía con música a los novios. 

(Permítanme un paréntesis. Los casamientos en Europa son siempre espectaculares, en ese marco tan hermoso que da el viejo continente).

Ahora sí: qué dicen los portales de viajes sobre el interior de la iglesia. Primero, que es amplio y luminoso de estilo renacentista, aunque cuenta con elementos barrocos imperdibles, como el techo de madera de nogal con acabados dorados que enmarca el lienzo de la Santísima Trinidad.

El altar de San Francisco de Paula, en tanto, cuenta con 12 relieves que narran la vida del santo, tallados con detalles tridimensional asombrosos.

Horarios: De abril a octubre: 9 a 21. De noviembre a marzo, de 9 a 18.

Entrada: Formato de ticket combinado que ronda los 11 € para entrar a las iglesias principales y el campanario, o entradas individuales de unos 5 € por templo. Nosotros compramos el ticket combinado: es una buena opción si tenés tiempo para el recorrido tranquilo.

La Catedral de Santa María de la Asunción (el Duomo). A diferencia de otras catedrales europeas que se imponen de manera abierta en medio de una gran avenida, la de Lecce se encuentra escondida dentro de una “plaza cerrada”.

Según nos contaron, antiguamente, por las noches las plazas se cerraban con imponentes puertas frontales. Entonces, cuando entramos por su único acceso, nos encontramos rodeados de una arquitectura barroca perfecta y cohesionada: el Palacio Episcopial, el Seminario y la propia Catedral.

Horarios: Mismo régimen de temporada (9 a 21 en verano; 09 a 18 en invierno). Espectacular verla iluminada de noche.

Anfiteatro romano (en Piazza Sant’Oronzo). Es una monumental ruina del siglo II d.C. en pleno centro de la Piazza Sant’Oronzo, rodeada de palacios fascistas de la década de 1930, cafeterías modernas y el bullicio cotidiano.

El anfiteatro permaneció completamente oculto durante siglos. ¿Cómo se descubrió? A principios del siglo XX (1901), mientras se realizaban las excavaciones para construir el edificio del Banco de Italia, los obreros chocaron con las antiguas gradas de piedra. Para sacarlo a la luz, hubo que demoler toda una manzana de edificios del centro histórico. Aun así, hoy sólo es visible una tercera parte de su estructura original; el resto sigue sepultado bajo los edificios colindantes y la iglesia de Santa Maria della Grazia.

Horarios: Visible de forma gratuita desde la plaza. Al estar semienterrado, las ruinas se aprecian perfectamente desde la calle peatonal.

Castillo de Carlos V. Es el bastión militar defensivo más grande de Puglia. Se encuentra a pocos pasos de la Piazza Sant’Oronzo. 

Aunque lleva el nombre del emperador Carlos V, el sitio ya albergaba una fortaleza medieval del siglo XII construida por el rey normando Tancredo de Lecce.

Según nos contaron, ante la constante amenaza de las invasiones otomanas en las costas del Adriático, Carlos V ordenó demoler las estructuras medievales previas e integrarlas en una gigantesca «fortaleza a la italiana». Diseñó una planta trapezoidal con cuatro imponentes baluartes en las esquinas, muros escarpados y un foso profundo para resistir los ataques de la artillería moderna.

A lo largo de la historia sirvió como fortaleza, residencia de los gobernadores provinciales, prisión (en sus zonas subterráneas) y cuartel militar. Hoy está completamente recuperado y sus salas albergan exposiciones de arte, eventos culturales y el fascinante Museo del Papel Maché (Museo della Cartapesta), una artesanía icónica de Lecce.

Hay algunas leyendas populares buenísimas vinculadas al castillo. Una de ellas es la de oso blanco. Cuentan que durante el siglo XV, los condes de Lecce mantenían a un oso blanco viviendo en el foso del castillo. Más allá de funcionar como un elemento disuasorio para los intrusos, el animal era exhibido como un símbolo exótico de estatus y poder frente a los visitantes.

Otra leyenda es la del llanto en el río subterráneo Idume. Dicen que bajo el suelo de Lecce fluye el misterioso río subterráneo Idume. Cuentan que a principios del siglo XX, el hijo pequeño de un guardia que vivía en el recinto cayó accidentalmente a un pozo de agua que conectaba con la corriente subterránea. Su cuerpo nunca fue recuperado y, según los lugareños, en las noches de viento aún se escuchan los lamentos y llantos del niño atrapado bajo los cimientos de la fortaleza.

Las almas en pena de las mazmorras es otra de las historias populares. Los muros de los subterráneos del castillo sirvieron como celdas y aún conservan grafitis, poemas y dibujos tallados en la roca por los antiguos prisioneros. El folclore local habla de apariciones y ruidos, que se asocian también al fantasma de María d’Enghien (condesa de Lecce) o al del General Tommaso Romano, cuya tumba —ubicada en la capilla de Santa Bárbara dentro del castillo— fue destruida cuando el lugar se transformó en enclave militar.

Acceso al patio de armas: Es gratuito. Allí se puede observar la arquitectura exterior y los escudos imperiales.  

Visita de los interiores: Para acceder a los espacios históricos restaurados, las salas de exposiciones y las galerías interiores, se debe realizar mediante un tour guiado oficial.

Horarios de los tours: De martes a domingo. Por la mañana: 10:30 – 11:30 – 12:30.  Tarde: 16:00 – 17:00 – 18:00 – 19:00.  

Tarifa general: 10 €. Gratis: menores de 11 años.  

La milagrosa estatua de Sant’Oronzo: El santo patrono de la ciudad se alza sobre una columna romana en la plaza principal. Dice la leyenda que en 1656, una devastadora epidemia de peste asolaba el Reino de Nápoles. El pueblo le rezó a San Oronzo y, milagrosamente, la plaga se detuvo justo a las puertas de la provincia de Terra d’Otranto (Lecce). En agradecimiento, los ciudadanos le erigieron la famosa columna utilizando piezas enviadas desde la vecina Brindisi.

Tips viajeros

Mejor época para ir: Primavera (abril-junio) y otoño (septiembre-octubre). Nosotros no hicimos caso de este consejo (jaja) y la visitamos en pleno verano. Y sí, hace mucho calor, los precios son más altos y hay bastantes turistas (por supuesto nada comparable con el norte de Italia, muchísima menos gente y mucho mar en los alrededores). Lo disfrutamos tremendamente.

Cómo moverse: El centro histórico es mayoritariamente peatonal (ZTL – Zona de Tráfico Limitado). La mejor forma de recorrer Lecce es a pie o alquilando una bicicleta.

Zonas de movida nocturna: Para tomar un aperitivo tradicional o cenar, la zona con mejor energía nocturna es la que rodea a Porta San Biagio y la Piazzetta Santa Chiara, repletas de pubs, vinotecas y restaurantes locales.

Conexión de transporte: No cuenta con aeropuerto propio (el más cercano es el de Brindisi, a unos 30-40 minutos en tren o bus). La estación de trenes de Lecce conecta perfectamente con Bari y Roma a través de los trenes de alta velocidad Frecciarossa.

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