Tamberías: la huella sagrada de los incas a los pies del Famatina

Autor:

Mariana Otero

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De visita en el valle de Antinaco-Los Colorados, a unos 1.200 metros de altitud, llegamos a Tamberías del Inca, sobre el antiguo camino del inca que pasaba por Chilecito, La Rioja.

A nuestra espalda, enmarcada entre la imponente Sierra de Famatina y los cerros Paimán, observamos una pequeña ciudadela milenaria protegida por un muro ovalado de pirca. Frente a ella, nuestra guía Denise nos remonta al origen cósmico de las montañas y los minerales: 

“Los incas entendían que los dioses les enviaban regalos. El Sol transpiraba y su sudor caía en la tierra y las montañas lo abrazaban. La Luna, Quilla, lloraba su soledad y caían lágrimas plateadas en la tierra. Y también los Apus, las montañas, los protegían. ¿Qué será lo dorado? El oro. ¿Y lo plateado? La plata”, cuenta. 

Así empieza el recorrido por el asentamiento precolombino del Tawantinsuyu (imperio inca) más relevante de la provincia riojana y una de las capitales provinciales (wamani) más prominentes de la región del Collasuyo, el sector meridional del antiguo imperio incaico. 

Denise invita a contemplar el gran cordón montañoso y da detalles sobre la toponimia originaria: “Los incas encuentran en el gran sistema montañoso que denominan Famatina -que significa ‘madre de todos los metales’- grandes vetas de sudor de Inti y lágrimas de Quilla. Van a encontrar en el Famatina oro y plata, y en sus picos más altos van a construir santuarios incaicos para sus dioses”, detalla.

El enigma y los tambos

Mientras avanzamos hacia la entrada del predio, la guía hace una pausa al pie de la muralla perimetral, cuyo trazado histórico alcanzaba hasta los 1,75 metros de altura. El sitio tiene una extensión de 16 hectáreas.

Nos dice que la dimensión del yacimiento plantea un dilema científico. “Hasta el momento estaba bajo estudio, porque no se sabía a ciencia cierta para qué lo construyeron. ¿Era un wamani, era una capital, un centro administrativo? ¿Era un centro de paso al que venían y hacían ceremonias y luego seguían desandando el Qhapaq Ñan hasta llegar a los santuarios? Los arqueólogos todavía siguen trabajando en el sitio. Los primeros investigadores llegaron a principios de 1900 y formularon diferentes teorías”, explica Denise. 

Hoy se sabe que el enclave cumplía una función tridimensional: centro administrativo y de acopio tributario, residencia de la élite imperial y soporte logístico para las expediciones mineras.

A través de la mita (el sistema de trabajo obligatorio), las comunidades locales diaguitas y cacanes entregaban cosechas, semillas, textiles y artesanías que se almacenaban en los tambos. 

“Los tambos incaicos eran casas que construían de forma rectangular que servían para depósito de cereales, de semillas, para resguardarse, para descansar; eran como postas de descanso”, apunta la guía.

En Tamberías del Inca hay inventariados 16 de estos recintos.  “Compartimos un pasado incaico —remarca haciendo referencia a la inmensa escala del Tawantinsuyu—, que se extendió desde el Cusco hacia los cuatro puntos cardinales, llegando a Colombia y Ecuador al norte, bordeando Brasil al este, y bajando por Chile y Argentina. Tenían contacto con el Pacífico y se han encontrado en Perú ostras marinas y regalos venidos del mar”. 

El corazón sagrado del valle

“Dentro de la ciudadela tenemos un ushnu, una plataforma ceremonial. Para la fe cristiana y católica es como una iglesia. Pero era una plataforma piramidal donde se subía el curaca o el chamán a hacer sus rituales religiosos adorando al dios Sol, a la diosa Luna; y también servía como centro de reunión, como si fuese una casa de gobierno”, subraya Denise. 

El ushnu se encuentra alineado espacial y geométricamente con los picos nevados del Famatina. Para la cosmología incaica, el cerro era un Apu, una divinidad tutelar sagrada. Las ceremonias y libaciones de chicha que se realizaban allí unían el orden terrenal con el sagrado, pidiendo prosperidad y lluvias para el valle de Antinaco-Los Colorados.

Al este de esta plaza ceremonial se conservan también los conjuntos de habitaciones dobles o kanchas donde residía la élite gobernante. 

Las investigaciones en el recinto continúan activas.

“Sergio Martín es el arqueólogo que está trabajando actualmente. Es el director del Centro de Arqueología de la Nación. En estos trabajos que llevan diez años, descubren que desde Tamberías sale uno de los caminos más anchos del Qhapaq Ñan en Argentina, que conecta hacia el norte con los tambos de Pampa Real para luego llegar a los santuarios de altura”, indica la guía. 

Un patrimonio recuperado

Declarado Monumento Histórico Nacional en 1970, el sitio arqueológico ha iniciado un nuevo capítulo en su historia de conservación.

El Gobierno de La Rioja y el municipio de Chilecito inauguraron el Centro de Interpretación Tambería del Inca (CIT), una moderna infraestructura diseñada para proteger las ruinas y promover el turismo de forma sostenible. 

DATOS ÚTILES

Cómo llegar y ubicación: El complejo y su Centro de Interpretación (CIT) se ubican sobre la Avenida Circunvalación Norte, en la ciudad de Chilecito. 

Días y horarios: Abierto de jueves a domingos, de 9 a 17. 

Modalidad de visita: Por motivos de conservación del patrimonio arqueológico, los recorridos se realizan en compañía de guías en grupos reducidos. 

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